D e r K a b a r e t t i s t

10 Mayo, 2008

El lobo, el jabalí y el zorro

Archivado en: Uncategorized — Patxi Igandekoa @ 8:48 AM

Cuentan que un jabalí y un lobo, hasta entonces muy amigos, hallaron en el bosque una liebre muerta y se la disputaron, primero con argumentos, luego mediante golpes y dentelladas, para finalmente quedar enzarzados en una lucha a muerte: el vencedor se quedaría con todo. Un zorro, habiendo escuchado la refriega, se acercó a investigar, y oculto tras un matorral observó el combate. Su primera intención fue apoderarse del botín, pero pensó que actuar con demasiada precipitación al respecto podría resultar zafio. No era su estilo. Además los otros dos se volverían contra él, y de esa forma habría dos piezas a repartir. Asi que decidió esperar. Cuando ambos contrincantes quedaron exhaustos, el zorro pasó por su lado, recogió la liebre y se marchó, no sin antes volverse al lobo y el jabalí, que yacían exangües uno al lado del otro, para decirles con donosura: “Muy amable por parte de los dos, caballeros. Que tengan un buen día”.

En Estados Unidos no conocen a los fabulistas clásicos. De otro modo no habría llegado a producirse esta paradoja: en un año en que todo hablaba a favor de una derrota republicana (guerra de Irak, crisis económica, paro creciente, dólar en barrena y un presidente con los índices de popularidad más bajos de toda la historia), el partido demócrata se encuentre en la peor situación posible para una campaña electoral.

La pugna feroz entre Barack Obama y Hillary Clinton colma slots informativos, galvaniza a las masas, hipnotiza a los bloggers y hace que hasta las Juventudes del PP (ya saben: maricomplejines y sus aspiraciones centristas) se animen a arrojar algún que otro venablo por el senador de Illinois. Obama es el favorito de la plebe, una especie de Lohengrin mulato de resplandeciente armadura. Pero Clinton, en el papel de Ortrud, sacerdotisa pagana de los brabanzones, tiene más apoyos entre los superdelegados. En cualquier caso ninguno de los dos dispone de la suficiente ventaja numérica. Y de este modo el torneo prosigue ad infinitum. Barack versus Hillary, Hillary versus Barack.

Da la impresión de que en el mundo de la política useña no vive nadie aparte de Obama y Clinton. En realidad sí hay alguien más: un republicano de 72 años, antiguo prisionero de guerra, terco y grosero, con algunas ideas progresistas: el senador por Arizona John McCain. Los comentaristas norteamericanos llaman “mavericks” a estos políticos individualistas carismáticos que se desmarcan de su partido en temas clave como, en este caso, homosexualidad, inmigración o medio ambiente.

La alternativa republicana es más real de lo que piensan los oráculos, presos de una extraña fijación mediática por los aires de cambio (negros y mujeres en la Casa Blanca) y por la entelequia de que existe un rechazo visceral a los excesos de Guantánamo y las mentiras de Bush. Al hombre de la calle lo único que le interesa es el precio de la gasolina. Y en cuanto a la moral, el pueblo americano otorga más importancia a la coherencia personal que a los espantos de Abu-Ghraib, los cuales ya han sido purgados mediante una terapia a base de transparencia informativa y autoinculpación. Y si el presidente no fuma porros ni folla con una corista de Las Vegas, mejor.

Hasta el mes de agosto no se dirime este duelo entre Barack Obama y Hillary Clinton. Descartada la alternativa de una alianza entre ambos para hacerse con la Casa Blanca (el famoso y supercursi “Dream Team”), habrá que aguardar a que los superdelegados, que por razones de tacto hacia sus electores dan largas al asunto tanto como pueden, bajen del monte con las Tablas de la Ley. Entonces podrá comenzar la campaña electoral. Para ese momento ya hará meses que McCain está haciendo la suya. Con señaladas ventajas estratégicas, por cierto.

¿Que Obama gana las primarias? Bueno, luego vienen las presidenciales, y entonces, ¿quién le garantiza el apoyo de los que votaron por Clinton? Y en caso de vencer Clinton, ¿cómo logrará convencer para que le voten los negros del sur y los numerosos independientes que han convertido a Obama en una nueva edición del Sueño Americano. Si los analistas hubieran prestado atención a los hándicaps más que a la virtud, hace tiempo que habríamos detectado a la raposa acechando en el bancal.

En democracia quien resuelve no es el bando más fuerte, sino los indecisos. Un factor que se ha dejado al margen, puede que por ausencia de glamour mediático, es el papel que pueden jugar los AWM (Angry White Men), un extenso frente compuesto por gentes de todos los estratos económicos que tienen en comun un enfurruñamiento colectivo crónico, que se ven obligados a trabajar duro, pagar impuestos y sufrir las consecuencias de la crisis, con pérdidas de empleo y economías domésticas llevadas al límite, para finalmente quedar como tontos y tener que comerse las sobras de la gran barbacoa familiar en Memphis. Estos electores, bastante más numerosos que los hispanos y los negros, no votarán por Clinton, y entre Obama y McCain tampoco les costaría pensárselo, por mucho que odien a Bush.

En fin, que la cosa está en el aire, pero no solo entre Hillary Clinton y Barack Obama, sino también entre un candidato republicano y otro demócrata. Si por algo se han distinguido los demócratas norteamericanos en su campaña presidencial del 2008 es por hacer honor al animal que simboliza a su partido. Nadie está obligado a leer a Esopo o Lafontaine. Pero es que ni siquiera se han visto la película “Primary Colors”. - Publicado en Izaronews.

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