La princesa embarazada
(Recién llegado desde Pekín, el guerrero chino Igandeku hace una visita a su amigo el venerable maestro Xuan-De-Chuan y ambos toman té en el jardín de la casa rural de este último a la sombra de una higuera, junto al estanque de loto).
- Contad, Igandeku: ¿qué nuevas traéis de la Corte? ¿Cómo le va al Emperador? No me digáis que ha vuelto a cometer otra de sus idioteces, como prohibir el aceite de soja o declarar ilegales a los salteadores de caminos.
- La verdad, Maestro De-Chuan, es que cada día logra superarse a sí mismo. Después de su última victoria contra el Gran Mongol, no hay quien le baje los humos. Si de los suyos se tratase, ni tan mal, que para algo es el que manda. Pero tampoco hay quien pare a toda la legión de aduladores que le acompañan, lamiéndole el culo y entorpeciendo sus movimientos, como abejas garrapiñadas en torno a su reina en busca de una nueva colmena. Hoy prosternarse es el deporte de moda en Pekín. Hasta sus más enconados enemigos de no hace tanto compiten por ver quién es el que pronuncia la loa más desorbitada. De vergüenza: el mundo entero no piensa más que en destacar y quedar bien. Y en esto, creedme, no van a la zaga vuestros intrépidos gerifaltes locales del país de Ba-Choqí. Ya no hay principios ni buena moneda que valga, la falsedad y la propaganda huera invaden la capital como una peste. Hasta las gárgolas de los templos rinden pleitesía al Emperador. Por doquiera que él pasa todos se comban hasta quebrarse los espinazos, recogen mugre del suelo las túnicas y cien lenguas van sacando brillo al adoquinado.
- Os conozco bien y sé que no os quedáis corto en vuestra crónica. Jamás la corte fue un sitio cabal para residir, ¡pero es que en estos tiempos…!
- Creedme, Xuan, hacéis bien en quedaros en vuestra casa de campo, aunque los mandarines del lugar no pierdan ocasión de haceros la puñeta.
- ¿Es verdad eso que he oído de que han puesto a la princesa Cha-Kun al mando de los ejércitos imperiales?
- El Emperador en persona la ha nombrado Ministra de la Guerra, causando expectación entre los chismosos de la corte, que asi disponen de una nueva diana para dirigir todas sus invectivas y ocurrencias de mal gusto.
- No entiendo qué puede haber de malo en ello. No es la primera vez que las mujeres desempeñan una función estatal importante. ¿A quién puede escandalizar que manden a la tropa? Al fin y al cabo son ellas quienes hacen a los guerreros. Y no es poco mérito, ya que se necesitan veinte años para producir un soldado. De alguna manera había de serles recompensado el esfuerzo.
- El motivo de la burla no es tanto el sexo de la princesa como su estado. Debéis saber que se halla encinta de muchos meses y dará a luz a comienzos del año de la Liebre. A pesar de su preñez el Emperador no solo le encomienda la defensa del reino, sino que además la manda en viaje de inspección a los destacamentos de la Gran Muralla. Será un espectáculo verla pasar revista a la guarnición, llevando por delante un bombo tan grande que a su lado los tambores del Templo Shaolin parecen panderetas como las que tocan los niños para celebrar la Fiesta del Dragón.
- No cabe duda de que con esta experiencia militar, adquirida ya antes de nacer, el hijo de la princesa Cha-Kun habrá de ser el día de mañana un gran guerrero chino.
- Lo cual no satisfaría las inclinaciones de la madre, criatura delicada y amante de la paz. Ella prefiere un doctor, un monje, incluso un boticario. No alcanzo a comprender por qué el Emperador ha tomado una decisión tan polémica.
- Lo encuentro extravagante, lo mismo que vos, Igandeku, mas no del todo desatinado. En la corte toda necedad tiene su método. Y en este caso nos encontramos ante unos sucesos que son coherentes con la lógica de los intereses creados.
- ¿Qué queréis decir? Por favor, Xuan De-Chan, estoy deseando conocer vuestra opinión al respecto.
- ¿Conocéis al esposo de la princesa Cha-Kun?
- Personalmente no… A decir verdad hay muy pocos que sepan de su existencia. Se trata de un alto funcionario perteneciente al círculo íntimo del Emperador. Según tengo entendido se encarga de resolver asuntos harto delicados, que ni siquiera se confían al Primer Ministro. Más aun, se dice por ahí, y no creo que sea una opinión exagerada, de que si no fuera por él ahora mismo nos estaría gobernando otra vez la dinastía mongola. En resumidas cuentas, un hombre de cierta edad, mucho mayor que la princesa, pero enérgico y con talento. No pertenece a la aristocracia.
- Pues ya tenéis la explicación, Igandeku: aunque veáis al Emperador haciendo de sus payasadas, es digno de un príncipe sagaz el recompensar a quienes le son no solo leales, sino también verdaderamente útiles. El mandatario que tal no hiciere, mejor vaya preparando la maleta y reconciliándose con el Tao, porque un extraño que tiene algo que demostrar resulta de mayor provecho que todos esos parientes molestos y faltones que siempre están dando por supuesto que se les debe algo. Lástima que aquí, en el país de Ba-Choqí, nuestros dignatarios no hayan aprendido una lección tan simple. No irían las cosas tan descabaladas ahora.
- ¿Insinuáis que el nombramiento de la princesa Cha-Kun es un premio a los servicios prestados por su esposo? Me cuesta creerlo.
- Igandeku, no os engañéis. Cuando miráis a la princesa Cha-Kun creéis estar viendo a una mujer delicada y pusilánime que pasa el tiempo haciendo centros de mesa y tocando el laúd, un bollito delicioso por cuya posesión, según las malas lenguas, el que hoy es su cónyuge llegó a enemistarse con el capitán de la guardia de la Ciudad Prohibida. Pero todo esto no es más que fachada. Recordad lo que dijo Confucio: nada es lo que parece. Podéis estar seguros de que tras este telón de romance y vodevil existe un entramado de duros intereses materiales. Se suele decir que detrás de un gran hombre siempre hay una mujer. En este caso sucede lo contrario.
- Entonces, ¿por qué el Emperador no le recompensa nombrándole Ministro de la Guerra a él mismo?
- El marido de la princesa Cha-Kun es un hombre circunspecto. No le interesa la gloria. Sabe que los mejores negocios se hacen desde la sombra, y por eso ha puesto a su consorte en el cargo que él mismo debería haber ocupado, con el fin de mantener el ejército bajo control. Y ya que hablamos de negocios, pensad en lo que significa una fuerza armada tan vasta: prestigio nacional para China, galones para los oficiales, un empleo digno para el hidalgo y puestos de trabajo para hijos de campesinos. Además, no hay que olvidarlo, también supone lucro para el herrero, el mercader de abastos y el tratante de caballos. Y por supuesto para quien les otorga la licencia que les permite comerciar con el ejército. Llevando en su vientre al vástago, aunque haya de romper aguas en algún desfile, la princesa perpetúa un apellido y honra a los ancestros de su esposo; con la espada en la mano lo ha de convertir en el hombre más poderoso y adinerado de todo el Zhong. Mucho más influyente de lo que nadie hubiera podido imaginar.
- A la larga no creo que sean buenas noticias para el Emperador…
- Igandeku, permitidme un consejo: tengo mis años y no queda mucho en este mundo a lo que pueda temer. Pero vos debeis cuidar de vuestras palabras si queréis vivir en la Corte. Mejor dicho, si queréis vivir en absoluto.
- Cambiemos entonces de tema. ¿Qué se ha hecho de vuestros honorables amigos Xo-Chei y Ma-Tiang? ¿Siguen viniendo a tomar con vos el té bajo la higuera y tratar de los asuntos locales en ese tono tan lacerante que los hace temibles en todo el país de Ba-Choqí?
- ¡Naturalmente! Muy pronto podréis departir con ese par de chismosos decrépitos. Pero no os lo recomiendo. Ultimamente nuestras conversaciones no son agradables. No vais a escuchar más que pestes sobre el madarinato local, sus corruptelas, su falta de principios, su pérdida de rumbo, su mediocridad y la servil doblez con la que se pliegan a los designios de todos esos bonzos centralistas de la Ciudad Prohibida, al mismo tiempo que fingen hacerles frente. ¡Como que Xo-Chei está deseando que vuelvan a gobernarnos los mongoles, para ver si los de arriba se despabilan!
- ¡Qué barbaridad, Xuan De-Chuan! ¡Dónde vamos a llegar! - Publicado en Izaronews.
Confirmado, Igandeku, sólo a través de vuestras crónicas se refleja la corte. Pronto, en dos semanas, iré a visitaros. Por favor escribidme pues no tengo vuestras coordenadas.
Comentario por David — 1 Mayo, 2008 @ 7:07 AM
¿Entiendo que vienes a Bilbao? No te preocupes, en breve te hago llegar un mensaje con mis datos de contacto y mi número de teléfono.
… tan pronto como haya terminado mi seminario de artes marciales en el Templo Shaolin.
Comentario por Patxi Igandekoa — 1 Mayo, 2008 @ 6:47 PM
El embarazo de la ministra.
Soy una mujer de 38 años, madre de dos hijos de 2 años y medio y 1 año, directora comercial de una empresa privada desde hace unos años.
Mis dos embarazos coincidieron con enormes picos de trabajo en mi sector, incluso con mi último hijo trabajé hasta el mismo día de dar a luz y viaje hasta el 8 mes, eso si en aviones comerciales y no en aviones del Ejército con salita y asientos de avión privado, ni tampoco viajé con médicos por si se me ocurría parir en medio de mis viajes….
Señores que lo que hace la señora ministra está a la orden del día en la sociedad en la que vivimos y a nadie le hacen un homenaje.
Andrea Rodríguez
http://www.creditomagazine.es
Comentario por creditos — 4 Mayo, 2008 @ 4:35 PM