Los Armisticios de San Mariano
(Después de una larga era de enfrentamientos civiles, la diminuta república de San Mariano está a punto de proclamar un pacto de concordia firmado por sus dos grandes partidos nacionales: el progresista FZLN (Frente Zapatitos de Liberación Nacional), vencedor en las últimas elecciones, y el conservador MUGRE (Movimiento Unidad del Grupo Reformista Escalón). Un grupo de problemáticos cooperantes vascos ha partido desde Euskadi para contactar con la guerrilla comunista del FORNICAL (Frente Organizado Revolucionario de las Naciones Indias por una Centro América Libre). Cuál puede ser su misión -sabotear las negociaciones, establecer un refugio para terroristas de ETA- es algo que nadie conoce. El Ministerio del Interior de España envía tras sus talones al comisario Méndez de la Policía de Madrid, asistido por una joven funcionaria del gobierno de San Mariano, la licenciada Magdalena Borceguí. Méndez, hombre elegante, perspicaz, asiduo a los toros y socio del Atlético, quizá no resulte la persona ideal para este cometido. Sin embargo, el Ministro lo ha seleccionado por una cualidad en estos días muy apreciada: la de ser un buen español.)
A la luz blanquecina del amanecer Méndez examina por última vez las fichas del dossier, pues ha recibido explícita instrucción de romperlo en pedazos y dejarlo en la primera papelera que le salga al paso a su llegada al aeropuerto de Santa Esperancita. “Mira que son feos”, piensa, mientras escruta las caras de los cooperantes vascos, “Se parecen a Madrazo y su hermana. ¿De qué local de Cáritas los habrán sacado?”.
Méndez Ha hecho un viaje de lo más ameno, gracias principalmente a la deliciosa compañía de Magdalena, que durante el trayecto desde Madrid le ha estado instruyendo sobre los pormenores históricos y culturales de San Mariano. Tratándose de un país chiquito no es que haya mucho que contar, como ella misma admite, con modestia y sentido del humor muy propios de aquellas naciones que se saben de medio pelo sin sentir el menor complejo. Han volado en uno de los primeros Airbus A380 de Iberia hasta Ciudad de Mexico, y desde allí en una compañía regional. Son las siete de la mañana y faltan veinte minutos para tomar tierra en Santa Esperancita.
Despierta Magdalena, que ha venido todo el tiempo arrullada por el ronquido del turbohélice, y después de mirar por la ventanilla exclama con júbilo: “¡Andele, señor Méndez! Ya casi hemos llegado. Aquello que ve allá es la Mesa Componenda, y justo al otro lado se encuentra Santa Esperancita. Ahorita volamos en arco para entrar en el ILS.”
El cielo está limpio de nubes, y la luz solar es tan intensa que el paisaje se ve en alta definición, salvo por unos bancos de neblina en el horizonte. Atraen la atención de Méndez una cadena montañosa, erizada de crispados cerros, y dos volcanes que se alzan por encima de la bruma en dirección norte: Pico Sorayón, del cual brota un penacho de humo que en días claros se puede ver incluso desde Cancún, y el Zapatazo, tranquilo pero imprevisible, que tiene la mala costumbre de entrar en erupción sin avisar al servicio de sismografía nacional. Magdalena le explica que en aquel lejano paraje se encuentra el parque nacional de Great Fucks. “Curiosa denominación”, observa Méndez.
“Great Fucks“, explica Magdalena, adoptando un aire ingenuamente doctoral, “es el centro geohistórico de nuestra nación. Allí los pobladores mayas de San Mariano fueron sometidos por las tropas de Cortés en 1526 tras la batalla de la Gran Cogida, que es como se llamaba antiguamente el lugar, hecho que causó la incorporación de todo el territorio a la Colonia. Siglos más tarde, al dejar de existir el Virreinato de la Nueva España, el país proclamó su independencia y se convirtió en la república de San Mariano. Los norteamericanos nos invadieron en 1858, con el propósito de excavar aquí el canal que más tarde harían en Panamá. Pero un levantamiento popular organizado por el cura Ostolaza en la ciudad de Zapatitos, cabeza comarcal de Gran Cogida, expulsó a los gringos, y desde entonces no más llaman Great Fucks a la llanura en la que heróicos cadetes recién egresados de la academia militar del Cordón, auxiliados por voluntarios indígenas de Zapatitos, derrotaron a las tropas gringas del coronel Sucker y las obligaron a abandonar el país.”
“Interesante”, observa Méndez, “Nosotros tuvimos en España un episodio parecido, en 1808.”
“¿Lograron echar a los gringos?”
Méndez explica que en realidad se trataba de franceses. Ella prosigue: “Desde entonces los habitantes de San Mariano celebran esa efemérides como su fiesta nacional, y Great Fucks, o Gran Cogida, como se lo quiera llamar, es el monumento histórico más preciado de la República. Por este motivo nuestros dos grandes partidos, el Frente Zapatitos de Don José Luis Rodríguez Calcetín y el MUGRE, dirigido por Don Arnaldo Escalón Tacona y la licenciada Gladys Calcañar, han resuelto que ese sea el lugar para la firma de su Pacto de Concordia, con el que han de acabar -y rezo por ello a la Virgen del Empeine- tantos años de lucha fratricida. ¡Fíjese, ahora volamos sobre Mesa Componenda! ¡Aquel es el río Sequito, y a su orilla puede ver, por este orden, las haciendas de La Horma, Hebillas Rotas, Modesto Bilbao y Rancho Sonsoles!”
Grandes esperanzas, pues, para el amistoso y sufrido pueblo de San Mariano. Pero Méndez conoce el gran obstáculo: Grandes Palos es una zona controlada por la guerrilla fornicalista, grupo de extrema izquierda empeñado en restablecer, no solo en San Mariano, sino en todos los territorios de la antigua cultura maya, el statu quo anterior a la llegada de los españoles en 1526. O sea, una pandilla de tarados que bajo el pretexto de una ideología revolucionaria marxista-indigenista y campesina se dedica a aterrorizar a la población con crímenes, secuestros y extorsiones de todo tipo. Lo más gracioso es que su líder, el mítico Comandante Francisco Rebaja, ni siquiera es indio, sino hijo de una antropóloga alemana que durante los años setenta se hizo célebre estudiando a los lacandones.
El Frente Zapatitos, haciendo frente a un virulento rechazo no solo de la oposición, sino también de parte de su propio electorado, lleva años intentando negociar con la guerrilla, llegando incluso al extremo de declarar legal a su brazo político, pero solamente los días pares del mes. Fracasado el diálogo, y con el país al borde de una grave crísis económica, la unión entre los dos grandes partidos nacionales, en la que los ciudadanos de San Mariano tienen depositadas sus esperanzas, parece la opción más sensata. Solo queda ver cuál será la postura del FORNICAL, y si el Comandante Rebaja no hará una de sus jugarretas. Y en medio de este escenario falsamente idílico, llega el comisario Méndez persiguiendo a sus torvos y sigilosos cooperantes vascos.
“Ustedes los españoles son gente afortunada, señor Méndez”, dice Magdalena, buscando el cinturón de seguridad, pues el avión ha iniciado el descenso hacia el aeropuerto de Santa Esperancita. “Allá tienen un país próspero y muy lindo, que no ha vivido el drama de estar siempre viendo cómo lo empujan a la ruina un chingo de pistoleros, políticos inútiles y periodistas demagogos.”
Méndez mira a la muchacha. “Vaya”, contesta, haciéndose el distraído, “al menos, no con frecuencia…” - Publicado en Izaronews.