Der Kabarettist

Aznar tropieza con los chinos

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 31 Marzo, 2008

china-sub.jpgHace años España y China estuvieron a punto de tener un conflicto diplomático. La historia viene de antiguo. A comienzos de los noventa la República de Taiwan, emancipada de Beijing desde 1949, inició un proceso de rearme que incluía la modernización de sus fuerzas armadas a través de la compra masiva de aviones, buques de guerra y material militar avanzado. Entre los pedidos del gobierno taiwanés había ocho submarinos diésel para proteger sus costas de un intento de invasión anfibia del gigante chino, siempre al acecho de aquella minúscula pero avanzada república burguesa, gracias a la cual hoy tenemos en nuestros ordenadores chips de memoria y discos duros a de gran capacidad a precios asequibles. Estos submarinos, de haberse llegado a construir, no solo habrían supuesto un problema para la armada de la China comunista, sino también perturbado el equilibrio estratégico en el Mar de la China Suroriental, zona sobre la cual Beijing mantiene pretensiones hegemónicas, muy importante por sus rutas de navegación y la existencia de materias primas energéticas en los fondos marinos, como petróleo, gas natural e hidratos de metano.

Por un lado, el cabreo comunista; por otro, un problema de suministros industriales nada fácil de resolver, ya que Estados Unidos, principal proveedor en el ambicioso proyecto armamentista de Taiwan, no dispone de submarinos diésel: abandonó su construcción en los años 60 del siglo pasado para dedicarse exclusivamente a los buques de propulsión nuclear. Washington se vio obligada a recurrir a sus socios europeos. Pero entonces el comercio con China ya era un importante negocio, y los únicos países con astilleros capaces de fabricar submarinos modernos, con sistemas de propulsión y armamento de alta tecnología a la altura de las especificaciones taiwanesas, no estaban muy dispuestos a echar un cable en aquella empresa al socio americano.

Alemania no quería saber nada del tema: sus empresarios temían las represalias económicas de Beijing. Francia no tenía intereses comparables a los alemanes, pero no le gustaba el nuevo orden mundial unipolar en el que Washington estaba trabajando, y consecuentemente dijo que no. La única opción que quedaba, en un entorno cada vez más trastocado por la cabezonería yanqui y el resentimiento de Beijing, era España. Precisamente en aquellos años el gobierno de José María Aznar acababa de iniciar una política de acercamiento hacia los americanos, puesta de manifiesto con concesiones como la venta de Santa Bárbara a General Dynamics, y más tarde su resuelto espaldarazo a la invasión de Irak.

Aznar se hallaba ante el mismo dilema que alemanes y franceses. Habrá quien se pregunte: ¿qué tiene de malo vender submarinos a Taiwan? Al fin y al cabo se trata de un negocio de 6.000 millones de euros. No todos los días entra en cartera un pedido asi. Pero en este negocio la columna del debe superaba con creces a la del haber. Basta hacer números sobre una hoja de papel para entender la zozobra de un Aznar que no se veía con ánimos para decir que no al presidente Bush, y que al mismo tiempo, siguiendo el programa diplomático de sus predecesores en el gobierno de España, se había propuesto fomentar las relaciones con China.

El desquite de Beijing implicaba que al menos en seis años China no iba a comprar a los empresarios españoles ni un solo tornillo, en una época en que el comercio de España con el país asiático sobrepasaba ya los mil millones de euros al año. Después los chinos reanudarían sus compras, pero no al mismo nivel que antes. El rearme de Taiwan constituía una oportunidad de promoción política para Aznar, pero dejaba mucho que desear en cuanto a rentabilidad, a no ser que el amigo americano enjuagara las pérdidas con otras concesiones en su mercado interno.

Y asi fue como el asunto de los submarinos para Taiwan se convirtió en una piedra arrojadiza dentro del Consejo de Ministros de Aznar. Halcones y palomas del Partido Popular casi llegaban a las manos y se lo tiraban a la cabeza como una pelota de volley. Nada de esto quedó registrado en acta: señal de que el problema y los enfrentamientos a que dio lugar eran de importancia capital.

El cambio de gobierno en España tras las elecciones del 14 de marzo de 2004 puso fin a este atolladero relacionado con los negocios de rearme de la China Nacionalista. El gabinete de Zapatero, siguiendo la misma lógica que sus socios europeos, no estaba de ningún modo dispuesto a poner aquellos submarinos dentro del agua. Poco después, a finales de 2004, el gobierno de Taiwan emitió una declaración mediante la cual renunciaba a la compra de los submarinos, prefiriendo mantener las buenas relaciones con Beijing. El gigante chino ha sabido recompensar a Zapatero intensificando las relaciones comerciales y el proceso de acercamiento entre los dos países.

En vísperas de esa gran puesta de largo que para el gigante chino suponen los Juegos Olímpicos del 2008 Beijing hace frente a un número de problemas en su política exterior: derechos humanos, la ocupación del Tíbet y Taiwan. En las dos primeras China puede hacer concesiones, y de cualquier modo la situación ha mejorado mucho durante los últimos años. Pese a todo lo que sugieren los informes de los activistas y las imágenes de monjes apaleados por el ejército chino, ya no estamos en la época de Tian-an-Men.

Sin embargo, el asunto de Taiwan es de otro nivel, ya que afecta no solo al orgullo patriótico sino también a la geopolítica de Asia: bases militares, comercio, petróleo, etc. Con Beijing se puede negociar y discrepar, pero no se juega a la pelota de Taiwan. China es una potencia militar en ascenso, que aspira a jugar un papel importante en el mundo, no a través de la superioridad demográfica ni de los esquemas del marxismo revolucionario, sino en pie de igualdad con el mundo industrializado, mediante el comercio, la tecnología, las misiones de paz, su parte en la responsabilidad estratégica y unas fuerzas armadas al mismo nivel que las de la OTAN. El gobierno de Beijing quiere devolver a una civilización milenaria el papel que le corresponde. Durante tres décadas China ha jugado a la carta del milagro económico. A partir de ahora jugará a la del prestigio militar.

Respecto al Tibet da la impresión de que existe un complot, fraguado no se sabe por quién, cuyo objetivo consiste en sabotear los Juegos Olímpicos de Beijing. Los disturbios de Lhasa no han sido instigados por empresarios occidentales como castigo por el robo de propiedad intelectual ni por espías alemanes para vengar intrusiones en los ordenadores del Reichstag. Detrás de ellos se encuentra el propio gobierno de Beijing. ¿Y qué es lo que pretende? Convencer al pueblo de China, y también al mundo, de la pertinencia de sus propios intereses de estado. En una sola frase: justificar la necesidad del esfuerzo, tanto realizado como todavía por hacer, para la modernización de sus fuerzas armadas.- Publicado en Izaronews.

2 comentarios

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  1. Júcaro said, on 24 Abril, 2008 at 4:18 PM

    Patxi, leo en Opiniones, el blog de Mercè, que preguntas por cómo subir imágenes en un post. Aunque un poco enrevesado, el mecanismo en el nuevo interfaz es muy similar al anterior. Cuando estás en la página de redactar un artículo, a la altura de lo que denomina Entrada y junto a “Add media“ aparecen unos iconos. El primero de ellos, al poner el cursor sobre él, puedes leer “Ad dan Image”. Pincha y entonces se abre una ventana, clikea en el campo donde pone “Choose files to upload”, al hacerlo se te mostrará las imágenes que tienes almacenada; selecciona la que desees subir y al hacerlo se te mostrará la dirección URL de la imagen que previamente has marcado. Luego vuelves al post que estas redactado y pega dicha URL como lo hacías antes de las modificaciones.

    Espero que te sea útil.

    Saludos

  2. [...] Ministerio de Exteriores torpemente su viaje. Y alguien algn da terminar de contarnos todos los estropicios a los que en poltica exterior nos quera llevar Aznar, el mismo que algunos dicen tuvo el mrito de poner a Espaa en la lista de [...]


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