Der Kabarettist

El retorno de un héroe

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 25 Febrero, 2008

Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal. Aventuras sin fin interpretadas por un actor mediocre al que ya no seremos capaces de ver en otros papeles que no sean el de Han Solo o Indiana Jones. La cita con los nostálgicos tendrá lugar el próximo mes de mayo.

Esto era parte de lo que hay detrás de las cámaras.

Pizarro contra Solbes: un debate sin substancia

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 22 Febrero, 2008

foxterrier.jpgSin tener mucha experiencia en el asunto, gracias a Dios, cabe suponer que llevar un ministerio de economía debe ser más difícil que dirigir una gran empresa. El ejecutivo se limita a gestionar, a dar órdenes, a torear a los accionistas y los bancos. Su imperium comprende cuando más varios miles de empleados y unos pocos miles de millones de euros. El Ministro de Economía no solo se las ha de ver con cifras de mayor cuantía, sino también con una oposición política implacable que constantemente está reclamando su cabeza, con los medios de comunicación y la vanidad de los gobernantes, obstáculo nada fútil con una clase política tan aficionada a los modernos equivalentes de las pirámides de Egipto o el desfile triunfal de los césares romanos: despilfarro sistemático, organización de Juegos Olímpicos y grandes ferias, trenes de alta velocidad y compra de votos.

Esto explica por qué en el debate económico que abre la campaña electoral del 9-M Pedro Solbes se impuso con tanta comodidad al flamante número dos reclutado por Rajoy para la lista de Madrid. El jueves por la noche estuve siguiéndolo por la radio y me quedé con una molesta sensación de pérdida de tiempo. Esperaba asistir a un combate dialéctico decente. Lo que escuché fue a un Solbes fuerte, estacionario, dominando en todo momento, capaz de devolver con habilidad y una cachaza auténticamente funcionarial todas las rocas procedentes de las catapultas enemigas. Frente a él, un Pizarro inquieto, saltarín, al que se le iba la olla y se le subían las octavas.

Contemplando a estos dos titanes de la política estatal recordé un comentario que en su tiempo hizo Xabier Arzalluz sobre el último debate sobre el Estado de la Nación en tiempos de Aznar, aquel que dejara tan mal sabor de boca en la clase política española por la arrogancia y el engreimiento de un coloso que después resultó tener los pies de barro: “¿Debate? ¿Qué debate? No hubo tal, sino solo unos perrillos falderos ladrándole a un mastín“. De modo análogo, y con las tornas invertidas, el enfrentamiento Solbes-Pizarro me pareció una pelea entre un fox-terrier y un gorrino.

La derecha ha pretendido salir del paso propagando la especie de que en realidad todo esto forma parte de una estrategia bien diseñada: el primer debate, de contenido económico y tedioso, ha sido sacrificado en aras del segundo, en el que contenderán Zapatero y Rajoy con unos índices de audiencia superiores. Si hemos de creer a determinados comentaristas, Pizarro habría estado rindiendo ligeramente por encima de su metabolismo basal. Muy a su pesar, pero ¡ya verán después esos socialistas!

schweinchen.jpg Este es el nivel que hay: anuarios estadísticos y bostezos frente al televisor, mucho libro de economía y poca destreza en la arena. Por lo demás, el debate fue tremendamente aburrido y mediocre, salpicado de referencias a Joaquín Costa y Ortega y Gasset, guiños de complicidad para un electorado centralista, hechas por ambos contendientes con el mismo arte retórico, eficaz pese a lo banal, del que se sirve el alcalde de Bilbao cuando evoca las estampas populares del antiguo botxito para sintonizar con el comando canapé en algún acto celebrado en el Hotel Carlton. En repetidas ocasiones el debate perdió categoría y aparecieron los golpes bajos y fustazos en la línea de meta, con temas tan alejados de lo económico como las conversaciones con ETA y la Educación para la Ciudadanía. El único resultado tangible es que Pedro Solbes salvó la jornada para los socialistas. ¿Qué haría sin él Zapatero? – Publicado en Izaronews.

El agresor pasivo

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 16 Febrero, 2008

zp.jpgAntiguamente los conflictos se resolvían a lo bruto, taladrando en línea recta. Paradigma de la educación antigua, basada en la violencia, el autoritarismo y una competitividad extrema, fue el galo Brenner, que arrojó su espada en la balanza para fastidiar del todo a sus vencidos; y Alejandro Magno, cercenando el nudo gordiano frente a unos funcionarios persas blandos y amigos de los acertijos. Gestos para la posteridad, modelos didácticos que se han mantenido en vigor hasta hace poquísimo tiempo. Ni siquiera almas selectas como la de Goethe se vieron libres del delirio vitalista: “no tienes elección, yunque o martillo has de ser”.

En nuestros días llega a su fin la era del guerrero. El progreso de la civilización, si bien no consigue terminar con las guerras, ha moderado la arrogancia de los seres humanos: un diplomático como Bismarck que proponga lograr objetivos a sangre y fuego hoy no encontraría un empleo a medida ni siquiera en la sala de mapas del Pentágono. ¿Debemos alegrarnos por ello? Pues claro, pero sin bajar la guardia. El crepúsculo del hombre de acción nos trae un tipo nuevo de combatiente, que siempre ha estado ahí, pero que hoy, por imperativo de las formas, resulta del todo imprescindible. Se trata del “agresor pasivo”, aquel que se impone no mediante ataques frontales, sino maniobrando de manera sutil para desequilibrar a sus oponentes, haciéndoles perder la compostura y provocando en ellos una conducta hostil para hacerlos aparecer ante el público como los verdaderos atacantes.

El agresor pasivo juega un papel destacado no solo en la política y la guerra, sino también en el mundo del espectáculo, el funcionariado, la empresa y las relaciones personales. Este estilo de hacer y deshacer las cosas se ha vuelto ubicuo y pone a prueba nuestro optimismo respecto al futuro: en realidad no avanzamos hacia una cultura de paz, sino que el conflicto y la guerra han dado un salto cualitativo hacia el predominio de la acción indirecta y el refinamiento psicológico.

¿Por qué la agresión pasiva ha llegado a generalizarse? En el mundo de hoy, según sostiene Robert Greene en su insolente pero entretenido libro “Las 33 estrategias de la guerra”, la expresión de la crítica abierta y de los sentimientos negativos hacia los demás está cada vez más penalizada. Nos tomamos las cosas como algo personal y queremos evitar el conflicto. Nos vemos sometidos a una presión social tremenda para complacer y caer bien a la gente. Sin embargo la agresividad y el odio forman parte de la naturaleza humana, y al vernos imposibilitados para expresar estos sentimientos con espontaneidad, cada vez hay más personas que recurren a formas de ataque solapadas y arteras.

La represión acaba con los puños, pero fomenta una miríada de pequeños sabotajes: un empleado que se deja las luces encendidas, que protesta en las reuniones de trabajo o manda requerimientos de pago impertinentes y burocráticos a ese cliente que te costó Dios y ayuda conseguir. Otras veces se llega a formas de acoso detestables y peligrosas, como el bullying, las campañas de prensa y la intoxicación con rumores. El método es simple y eficaz: Fíngete víctima de los propios conflictos que tú mismo has provocado. Defiéndete aparatosamente en público mientras fomentas de tapadillo todo tipo de insidias y trapacerías. Pero ten cuidado, no es fácil. No debes subestimar la inteligencia del populacho, ni siquiera en un país como este. Te conviene mucho que haya tensión, pero no que se te vea el plumero.

Frente a un agresor pasivo el mandatario requiere un gran dominio de la mano izquierda. Esto sucede porque los gobernantes se ven atrapados en una contradicción fundamental: por un lado precisan conservar el poder; por otro necesitan que la gente crea en su bondad y en la justicia de su causa. Todo acto resuelto por necesario que sea tenderá a ser interpretado en términos de despotismo y crueldad. ¿Necesitamos entonces más expertos en relaciones públicas? ¿O más sentido comun para mantener la boca cerrada sin dar por hecho que los micrófonos del plató también lo están?. Todo esto significa banalizar el problema. Lo que se necesita es madurez. No se trata de neutralizar unos juegos psicológicos con otros, sino de ser adultos y de intentar resolver conflictos, antes de que los potros salvajes del ego se sacudan las riendas y broten irrefrenables las ansias de notoriedad y poder.

Sale a peseta cada español

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 13 Febrero, 2008

aelita.jpgAristóteles dijo que el hombre es un ser social. Sin embargo no es por naturaleza un ser socialista, es decir, empático, responsable y cohesionado en afectos y objetivos con el resto de la humanidad. Unica y limitada excepción a esta norma es el corporativismo, fenómeno irritante y por lo demás muy español, causante de aberraciones tan atípicas de la vida moderna como la endogamia universitaria, los pactos de silencio entre médicos y algunas sentencias judiciales que de cuando en cuando nos sorprenden dando la razón al parricida, al violador o al que atropella niños con exceso de velocidad. No, señor: el hombre, por encima de su condición social–o por debajo de ella, si preferimos darle el acostumbrado tinte moralista-, es una máquina de supervivencia, capaz, como el dios Cronos, de comerse a sus propios hijos. Razón tuvo el labrador: antes mis dientes que los de mis parientes.

Estremece pensar que Nietzsche podría haber estado en lo cierto y que un pueblo no es más que el rodeo que da la naturaleza para llegar a un pequeño grupo de grandes hombres. Pongámonos en el lugar de uno de estos ganadores en la gran tómbola de la selección natural. Supongamos que somos un alto cargo del gobierno. Tenemos una casa en las afueras, pero también nos gustaría ocupar un pisito en el centro. Asi estaremos más cerca no solo del trabajo, sino también de una amplia oferta de cervecerías, pubs y locales de alterne de los que aun no somos asiduos. Hablamos con el Ministerio y ningún problema. ¿Cómo no, Excelentísimo Señor? Al fin y al cabo, somos quien lleva la cartera… también en un sentido literal.

Asi que, ebrio de ufanidad, nuestro hombre acude a inspeccionar la vivienda (un loft de 200 metros cuadrados en pleno centro de Madrid) y nada más entrar experimenta su primera contrariedad. ¿A qué vienen esos biombos y tablones de madera con el ying y el yang? ¿Qué son esos sillones de diseño, y qué esos falsos techos, y qué esas sillas, y qué coño pintan ahí esas lámparas de diseño con varitas saliendo por todas partes que parecen el peinado de la reina Aelita? ¡Joder, pero si esto parece el decorado de una película de ciencia-ficción soviética de los años 20! Vaya, por lo menos me ha dejado el ordenador. Podré echar una partida al Doom.

Para entender el estado de ánimo de nuestro personaje es necesario haber pasado por la experiencia de querer tomar asiento en una mesa feng-shui. Entonces no nos escandalizará su tajante opinión facultativa, referida como es lógico al diseñador: “¡Me cago en su puta madre!”. Es demasiado. Su Excelencia abandona la casa, regresa al ministerio, entra en su despacho, llama a su secretaria -una tía con jersey ceñido, minifalda y la misma cara que Cristina Narbona, solo que veinte años más joven- y comienza a impartir directrices, que ella anota con diligente solemnidad, como si estuvieran destinadas al B.O.E. “¿Dónde quiere que compre todo esto?” pregunta ella, aturullada y nerviosa. El la mira con desprecio y contesta, antes de salir para sus menesteres oficiales: “¡Pues en el Corte Inglés! ¡No te jode…!”

La secretaria, pensando que su jefe está hablando en serio, hace lo que se le dice, y a los pocos días misión cumplida. El nuevo vivac del Ministro alcanza el umbral de habitabilidad al mismo tiempo que las facturas de la reforma aterrizan en el escritorio de Pedrojota Ramírez. ¡Un escándalo colosal! ¿Cómo puede ser que el ministro se gaste un cuarto de millón de euros en acondicionar un piso con esta crisis y este paro, mientras trata a latigazos a los funcionarios de su propio ámbito competencial que le exigen paupérrimos incrementos salariales que les permitan equipararse a sus colegas de la administración periférica del Estado? ¡Y todo esto en vísperas de las elecciones!

Si es peligroso un gato acorralado no hablemos de un político. Plantéasele al ministro un agrio dilema moral: si dice la verdad, que no le gustaba la decoración, y que por eso ha decidido cambiarla, él quedará mal. Pero si dice que se ha visto obligado a ello por el estado en que lo dejó el inquilino anterior -casualmente una antigua ministra de su mismo gabinete- será ella quien resulte perjudicada. En cualquier caso ya han salido los dos cual no digan dueñas, es decir, en los tres relevos de la COPE: el talibán ateo, la gorda católica y el protestante aficionado al country. “Pero, ¡qué cojones, me gusta este piso y me lo voy a quedar!”

De este modo se impone el realismo político, transmitiendo al público la impresión de que la compañera de partido es una guarra, o en el mejor de los casos una persona aquejada del síndrome de Diógenes. No importa, ella lo entenderá, asumiendo la misma actitud flemática que el puercoespín Isengrim en aquel cuento de Johann W. Goethe, cuando su amigo el zorro Reineke lo cubría de acusaciones y calumnias en un intento desesperado por salvar su propio pellejo. ¿No han leído esa obra? ¿A qué esperan? Su insigne autor la escribió para mofarse de las pequeñas y miserables cortes que florecían en la Alemania del Despotismo Ilustrado, pero perfectamente se puede aplicar a la actualidad.

Las duras leyes de la naturaleza han triunfado. Una vez Lawrence de Arabia, ante una caterva de diplomáticos de chancillería que estaban volviendo patas arriba el mapa del Oriente Medio, exclamó que entre ladrones y criminales podía existir el honor, pero entre políticos jamás. Imposible encarecer hasta qué punto se hallaba en lo cierto. Incluso el golpista Tejero, antes de entregarse, puso como condición que no se emprendieran acciones de represalia contra sus subordinados. La idea de un tricornio pisando a otro para salvarse de la cárcel es tan inverosímil como la de un ministro socialista no ya protegiendo a sus colegas, sino asumiendo las responsabilidades que le corresponden por los actos de su exclusiva competencia personal.- Publicado en Izaronews.

Manía persecutoria

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 7 Febrero, 2008

index.jpgEl otro día me sucedió algo extraño. Regresaba a mi oficina después del café cuando al pasar la calle me crucé con un hombre joven con aspecto de turista y cámara réflex colgada de una correa, tal vez no por casualidad apuntando hacia mí. En el momento de pasar por delante pude escuchar, apenas perceptible, el ruido del obturador. El individuo se alejó entre la multitud, dejándome con una sensación de inquietud. Como estaba cerca de Gran Vía 85, ese gran termitero habitado por lobbistas y parásitos del sector público vasco, decidí hacer una visita a mi amigo Mauricio. ¿Quién sabe si no estaba metido en otro de sus tejemanejes? Y como recientemente habíamos estado comiendo juntos, aquello podía constituir el motivo de que me siguiera un sabueso.

Mauricio parecía perplejo: “¡Pero si ahora no me dedico más que a negocios honestos! Cualquier cosa por la que valga la pena vigilarme (ya sabes, las tragaperras, el bingo por Internet y las angulas importadas de Irlanda) puedes tener la seguridad de que ha prescrito hace años.”

Imposible saber cuándo Mauricio está diciendo la verdad. Además tiene la excusa fácil de que si te oculta algo es por tu bien, para no comprometerte delante del juez de instrucción. “¿Y Hacienda Foral?” le pregunté en voz baja. “Ah, eso…” respondió mientras buscaba la caja de los habanos, “Todo resuelto. ¿Recuerdas a esos amiguetes del partido que se han pillado los dedos con el asunto de las chatarras? Adivina quién puso sobre la pista al cuerpo de subinspectores. A cambio de ciertas informaciones útiles, obtenidas por un detective privado, me perdonaron algunas omisiones en la declaración anual del IVA…”

“¿Y qué pasa con tus competencia?” insistí, “Hay otros conseguidores en el partido a los que les gustaría tener un parque fotovoltaico en Torrevieja”. Según dijo Mauricio no había motivos para preocuparse. Si aquella persecución tenía efectivamente que ver con él, liberaría algunos dossiers confidenciales para aplacar a las fuerzas del mal. Al despedirnos me hizo prometer que le mantendría al tanto de la más mínima incidencia que se produjera en relación con mi presunto seguimiento.

En el camino de regreso me detuve en la tienda de deportes que otro viejo conocido tiene en el Ensanche. Fernando es un bilbaíno de pro en plenos cincuenta, comerciante de éxito, con un divorcio a cuestas y una calva bien bronceada por el sol de Marbella. Pese a su aspecto burgués -empadronado en Abando, votante del PP y con jersey de Lacoste echado por encima del hombro- Fernando es un golfo de marca mayor, amigo de la buena mesa, de hembras ajenas de todas las edades y estados civiles y, por si no bastara, incorregiblemente putero. Como tenemos confianza le pregunté si existía la posibilidad de que algún esposo cornudo o un proxeneta encabritado por los celos estuvieran marcándole en corto. “No lo creo”, explicó, tratando de hacer memoria -cosa difícil con una agenda tan complicada como la suya-. “Está el acompañante de Manuela, ya sabes, el que trabaja en el Registro de la Propiedad. Pero no creo que tenga nada que ver. En mi vida he visto un tipo tan tolay. Debe ser el único en todo Bilbao que todavía no sabe que su novia fue prostituta de lujo. Si me entero de algo ya te diré…”

De regreso a mi despacho mi obsesión persecutoria va in crescendo, hasta el punto de que decido llamar a mi ahijado Eneko para que haga un rastreo de micrófonos ocultos. Acude al poco rato el txo, y con su scanner de radiofrecuencias Alinco peina la estancia deteniéndose en todos los recovecos.

“Percibo ecos de unos cuantos dispositivos de escucha situados en la vecindad.” ¡A quién le podría extrañar! Muy cerca de mi oficina se encuentran la Diputación Foral, la central de la S.P.R.I., la Fundación Sabino Arana, el antiguo despacho de José María Gorordo y otros hotspots relacionados con el batzoki. “Pero tus dominios están despejados, padrino. ¡Nada de nada!”.

Eneko se marcha, dejándome solo con mis barruntos. Doy vueltas arriba y abajo hasta que finalmente tomo asiento en una butaca, descuelgo el teléfono y marco el número de mi amigo el dirigente socialista. Tal vez esto tenga que ver con uno de mis artículos contra el gobierno. Mi interlocutor lo niega tajantemente: “Nuestros servicios de seguridad no vigilan a políticos rivales ni periodistas, sino a gente de nuestro propio entorno. Ahora están todos ocupados espiando a Gotzone Mora y Nicolás Redondo Terreros”.

Solo me queda una alternativa: Juan de Etxano. Asi que hago un telefonazo al baserri, interrumpiendo a su amigo el jubileta Don José en plena catilinaria contra Urkullu al pie de la higuera, junto a la inevitable tabla de quesos. Juan tampoco ha notado ningún movimiento extraño, ni siquiera a raíz de la visita de Arzalluz a Otegi en la prisión de Martutene. La única diferencia con respecto a lo habitual es el número de accesos más elevado que de costumbre registrado por la página web Izaronews como consecuencia de la cobertura informativa en los medios. “Además ten en cuenta” me dice Juan, “que los servicios secretos del PNV solo trabajan en Madrid. En Euskadi jamás espían, porque la más mínima filtración podría ocasionar un escándalo sin precedentes, y no está el partido para bollos”.

En esto mi compañera de trabajo ha entrado en la oficina, llegando a tiempo para escuchar el final de nuestra conversación. Apenas cuelgo va y me dice: “¡Hay que ves con qué gentes te relacionas! ¿Es que no sabes que a ese aldeano lo tienen fichado? Un día te van a poner micrófonos, o pincharán tu correo electrónico?”.

“No me sorprendería que lo hubieran hecho ya”, respondí.

“¡No seas idiota, Igandekoa! ¡No hablaba en serio!” replicó, “¿Es que te crees tan importante como para que te espíen? Hacerlo sería una pérdida de tiempo, pero si a pesar de todo insisten sé cómo te los puedes quitar de encima…”

Quise que me contara cómo. Y ella contestó: “Muy sencillo: invítame a comer otra vez en Sabin Etxea, y verás el cague que les da cuando te vean entrar allí.- Publicado en Izaronews.

La bola de demolición

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 5 Febrero, 2008

demolisher.jpg¿Quién ganará las elecciones generales del 9-M? Hace tiempo que no presenciábamos una campaña electoral tan pareja. González arrasó por goleada. Aznar quedó por debajo del pronóstico en 1996, y en 2000 lo rebasó con creces. Rajoy iba por el mismo camino en 2004, pero pudo ser, y no hace falta decir por qué. Ahora las cosas no están nada claras. Se ha producido un empate técnico, en medio de una confusa y degradada contienda electoral que los dos grandes partidos de la política estatal se esfuerzan en lo posible por perder. El gobierno, con su ambigua política antiterrorista, su propaganda y sus bonificaciones del I.R.P.F., va como una moto con el cigüeñal aligerado de masas, capaz de dar vigorosos reprises pero no de emplearlos para algo útil. Pero es que la oposición tampoco deja de meter goles en propia meta.

Yo soy de los que creen que la era Zapatero no ha llegado todavía a su fin: le queda una legislatura, o como poco la mitad. Pese a todo lo que desde los medios se nos quiere hacer creer, el ciudadano de a pie no está interesado por los asuntos estrella de la política nacional. No le importan el 11-M, ni la memoria histórica, ni la ley de igualdad ni los matrimonios gay, ni la noche triste de Gallardón. Ni siquiera el aislamiento de España en el concierto internacional es un politikum, como dicen los alemanes, y respecto a la creciente preocupación por la economía, conviene matizar.

Las dificultades económicas influirán sin duda en las elecciones del 9-M, pero no de modo directo y trivial. España no es un país habituado a tomar medidas anticipadas ante los problemas. Antes de actuar la gente prefiere esperar a que las cosas se pongan mal del todo. Con esta mentalidad de avestruz no extrañe que la propaganda conformista de un gobierno empeñado en negar la evidencia llegue a convencer a los electores más que el mensaje pesimista de Rajoy, por más fiel que sea el cuadro de la realidad que este último nos pinta.

Me atrevo a predecir que las ofensivas propagandísticas desplegadas por los distintos medios, la SER, la COPE, El País, El Mundo, y más recientemente Libertad Digital y el diario Público, demagógicas y pasquineras como no se habían visto desde los tiempos de la Segunda República, van a tener también unas repercusiones difíciles de interpretar. Las elecciones las decide eso que llaman “izquierda flotante”, un colectivo de votantes progres que actúa más por motivación individual que por disciplina de partido. Una afluencia clamorosa de las mismas a las urnas en el 14-M dio la victoria a Zapatero, del mismo modo que su abstención multitudinaria en marzo del 2000 permitió que Aznar consiguiera la mayoría absoluta.

La acción de los medios ha galvanizado a algunos sectores de la opinión pública. Existen motivos para pensar que la participación electoral va a ser alta. Las mesnadas de la izquierda flotante acudirán a las urnas llevados no por consignas, sino por el calor del propio debate, por el ansia acumulado de cuatro años de catilinarias desde la COPE, discusiones con la familia, trifulcas en los foros de Internet, tertulias radiofónicas y tomaydacas con Zaplana, López Garrido & Cía. en 59 segundos. Y si ese día hace buen tiempo ni te cuento. Una vez en el colegio electoral votarán según su inclinación, que es mayoritariamente de izquierdas.

Hay otro aspecto, más sutil y revelador de la dura realidad de la lucha por el poder, que apunta hacia una probable derrota de los populares. Observando la torpeza extrema con la que el líder de la oposición dirige su campaña, uno no puede evitar la ocurrencia de que se está buscando la debacle de manera intencionada. Tal vez a Mariano Rajoy no le interese ganar precisamente ahora. El es de esos hombres que vienen para quedarse. Su lucha por el poder es a largo plazo, con cimientos sólidos y sin rivales que le hagan sombra: puede que se haya planteado el tema más como unas oposiciones a Notarías o Registrador de la Propiedad -a lo cual está perfectamente acostumbrado- que como una carrera de ratas por las poltronas y los coches oficiales.

Unos pocos años más en la oposición es lo que necesitaría entonces para acabar con el socialismo en España. Cuando el gobierno de Zapatero esté totalmente desgastado y decrépito, tanto por su propia incompetencia como por los embates de la derecha, a Rajoy no le bastará más que una de sus habituales campañas de perfil bajo para conseguir el poder, inaugurando una especie de Pax Romana del Partido Popular que dure varias décadas.

Dos indicios sobre los que merece la pena reflexionar. Tras la defenestración de Alberto Ruiz-Gallardón, Rajoy manifestó su deseo de seguir al frente del Partido Popular, secundado por su nuevo fichaje Manuel Pizarro, “aun en el caso de no se ganaran las elecciones”. Que yo sepa es el primer candidato en toda la historia de la democracia española que se plantea en público la posibilidad de una derrota. Por otra parte, haber anunciado a bombo y platillo todos esas rebajas fiscales empeora la posición del Partido Popular. Hasta un espectador promedio de la Sexta sería capaz de darse cuenta de que esa reducción de diez puntos en el impuesto de sociedades solo podrá ser compensada con un recorte equivalente en gasto público y servicios sociales.

La Iglesia, con sus nada diplomáticas recomendaciones a los fieles, se ha encargado de poner la puntilla. El próximo 9-M podría ser una fecha equívoca, una némesis. ¿Triunfo socialista? ¿Laureles en Ferraz? Sí, pero verás qué poco tarda en volver a funcionar la bola de demolición. – Publicado en Izaronews.