Ecologismo para tontos
Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones, y es cosa para creer. El día 15 de noviembre, a las 20.00, colectivos ecologistas pusieron en práctica una de esas iniciativas que consisten en desconectarse simultáneamente de la red para llamar la atención sobre temas medioambientales como el calentamiento global, la tala del Amazonas, la invasión del mejillón-cebra y demás.
Aparte de constituir un desperdicio de capacidad organizativa, este tipo de actos son perjudiciales para la red eléctrica. Suponen un riesgo de avería incalculable, con el resultado de apagones y caídas de tensión que pueden prolongarse mucho más allá de ese par de minutos testimoniales de protesta, y por tanto costes para las compañías eléctricas en concepto de reparaciones, que inevitablemente habrán de volver como incremento en la factura de la luz.
Los sistemas eléctricos están diseñados para hacer frente a variaciones graduales de la demanda, y no a cambios bruscos en el consumo. La desconexión simultánea de gran número de dispositivos (lámparas, electrodomésticos, maquinaria, etc.) obliga a realizar ajustes en el suministro: mover esclusas en los embalses, detener turbinas de gas, introducir barras de grafito en los núcleos de las centrales atómicas. La energía cinética generada por la inercia mecánica de todos estos artefactos hace surgir en la red un exceso de potencia no consumida. Entonces en las subestaciones se producen arcos voltaicos, aumentos de temperatura en los transformadores y riesgo de fallos para los circuitos eléctricos.
Inútil especular sobre las consecuencias de una avería masiva en un sistema energético como el español, que durante los últimos años ha consumido el excedente de capacidad del que disponía y en estos momentos está funcionando al límite de sus posibilidades, pese a la interconexión con la red francesa. Como si no hubiera bastante con los apagones de Catalunya y los ya crónicos colapsos del transporte en Barcelona, para además andar creando problemas nuevos en nombre de un ecologismo mal entendido.
El cuidado del medio ambiente comienza por decisiones personales, no con brincos gregarios desde el acantilado como los lemmings. Reducir nuestro gasto en calefacción, poner tira aislante en puertas y ventanas, comprar un Smart o aumentar la cantidad de legumbres en nuestra dieta, por ejemplo, resulta mucho más útil y educativo que todo este vandalismo organizado –y no pocas veces jaleado por medios, asociaciones e incluso la autoridad pública- contra la infraestructura eléctrica.- Publicado en Izaronews.