Der Kabarettist

La justicia como obra de arte

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 18 Noviembre, 2007

He aquí un programa emitido por la emisora liberal-conservadora LD Televisión que pone de manifiesto hasta qué punto la justicia es en nuestro país un cachondeo.

En España se ha llegado a una situación en la alguien puede ser condenado a varios años de cárcel o a la vergüenza de un proceso por reunirse con los dirigentes de un partido ilegalizado, o a multas millonarias por publicar caricaturas. Por el contrario a los verdaderos criminales, o a los que patean a las mujeres en los trenes, ante las cámaras de vigilancia y los ojos de millones de telespectadores, no tardamos en verlos en la calle.

Una decisión fatídica

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 16 Noviembre, 2007

decision_nefasta.jpg

Ecologismo para tontos

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 16 Noviembre, 2007

Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones, y es cosa para creer. El día 15 de noviembre, a las 20.00, colectivos ecologistas pusieron en práctica una de esas iniciativas que consisten en desconectarse simultáneamente de la red para llamar la atención sobre temas medioambientales como el calentamiento global, la tala del Amazonas, la invasión del mejillón-cebra y demás.

Aparte de constituir un desperdicio de capacidad organizativa, este tipo de actos son perjudiciales para la red eléctrica. Suponen un riesgo de avería incalculable, con el resultado de apagones y caídas de tensión que pueden prolongarse mucho más allá de ese par de minutos testimoniales de protesta, y por tanto costes para las compañías eléctricas en concepto de reparaciones, que inevitablemente habrán de volver como incremento en la factura de la luz.

Los sistemas eléctricos están diseñados para hacer frente a variaciones graduales de la demanda, y no a cambios bruscos en el consumo. La desconexión simultánea de gran número de dispositivos (lámparas, electrodomésticos, maquinaria, etc.) obliga a realizar ajustes en el suministro: mover esclusas en los embalses, detener turbinas de gas, introducir barras de grafito en los núcleos de las centrales atómicas. La energía cinética generada por la inercia mecánica de todos estos artefactos hace surgir en la red un exceso de potencia no consumida. Entonces en las subestaciones se producen arcos voltaicos, aumentos de temperatura en los transformadores y riesgo de fallos para los circuitos eléctricos.

Inútil especular sobre las consecuencias de una avería masiva en un sistema energético como el español, que durante los últimos años ha consumido el excedente de capacidad del que disponía y en estos momentos está funcionando al límite de sus posibilidades, pese a la interconexión con la red francesa. Como si no hubiera bastante con los apagones de Catalunya y los ya crónicos colapsos del transporte en Barcelona, para además andar creando problemas nuevos en nombre de un ecologismo mal entendido.

El cuidado del medio ambiente comienza por decisiones personales, no con brincos gregarios desde el acantilado como los lemmings. Reducir nuestro gasto en calefacción, poner tira aislante en puertas y ventanas, comprar un Smart o aumentar la cantidad de legumbres en nuestra dieta, por ejemplo, resulta mucho más útil y educativo que todo este vandalismo organizado –y no pocas veces jaleado por medios, asociaciones e incluso la autoridad pública- contra la infraestructura eléctrica.- Publicado en Izaronews.

Los diarios de Flash Gordon

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 14 Noviembre, 2007

Flash Gordon, tras haber acabado con el régimen dictatorial del malvado Emperador Ming, se encuentra de visita oficial en el reino de Aenoria, donde la Asociación Gay del Planeta Mongo le ha organizado un homenaje en agradecimiento por haberles liberado de la tiranía homófoba del gobierno anterior. Antes de partir desde Arboria, el Príncipe Barin le advierte sobre el peculiar carácter y las excentricidades del mandatario aenoriano, el Príncipe Metrik, joven miope y regordete con calvicie en irreversible estado de consolidación y mentalidad burocrática).

Aenoria, 35 de Eroxx de 11.002

flash.jpgBarin es un tipo fenomenal. Vaya huevos. Me recuerda a aquel presidente español que me condecoró tras la guerra de Irak, ¿cómo se llamaba? Aznar, creo. Debe ser primo de mi colega Miguel Angel, ese que va dando garbeos por el universo con un planetoide artificial llamado Valera. Del Príncipe Barin se puede opinar lo mismo que de Aznar pensaba nuestro presidente George W. Bush: “The man has got cojones”. Jamás podré agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Llevamos dos días en este país y salvo por el plasta de Metrik, no parece que la cosa vaya a desquiciarse: se come bien, y las mujeres tienen unas carrocerías impresionantes, como en todos los sitios a los que suelo ir. ¡Esto sí que es raro! En ocasiones tengo la sospecha de que mi vida es una película o un cómic, porque hasta la fecha solo he conocido unas hembras auténticamente de bandera. Mis hados me prohíben encontrarme con esas mujeres de la limpieza, monjas o putorros que al parecer solo existen en los chistes subidos de tono del Dr. Zarkov. El otro día, sin ir más lejos, fui a Mercamongo para comprar una bacalada abisal de esas que tienen tanta fama en la gastronomía autóctona. La pescadera que me atendió llevaba el pelo desgreñado, el mandil salpicado de sangre y en la mano un cuchillo de destazar reptiles marinos que solo de verlo daba cosquillas en el bajo vientre. Pero aun asi, ¡Madre de Dios, cómo estaba la tía! No solo me dio la bacalada a mitad de precio, sino que además escribió su número de teléfono en el ticket de la compra. Por supuesto ni me molesté en llamarla.

Las aenorianas sí que son un espectáculo: verlas pasear por los bulevares cuando cae la tarde, con esas minifaldas y esos escotes, cogidas del brazo de sus maromos o llevando al extremo de una correa una de esas bolas peludas con tres patas que los mongolianos suelen tener como mascotas. Ahora sé por qué Zarkov lleva gafas de sol. ¡Menudas jacas! Además parecen tan accesibles y enrolladas como en la capital del Imperio. Si no fuera por respeto a Dale, ya le habría dado un viaje a más de una.

¿Cómo describir al Príncipe Metrik? El individuo es más raro que un perro verde -expresión que, dicho sea de paso, carace de sentido en Mongo, ya que hay aquí unos bichos que ladran y efectivamente son de color verde-. Parece inofensivo. Ahora sí, su manía por los reglamentos y estándares resulta insoportable. Anoche durante la recepción no hizo más que hablar de especificaciones industriales, control de calidad, rectas de regresión, procesos de mejora continua y la puta campana de Gauss. ¡Menudo rollazo nos metió! Dale se caía ñeque sobre el mantel, y cada vez que le entraban ganas de bostezar se ponía la servilleta delante de la boca para disimular. Empresa nada fácil, ya que el tipo será pelma, pero de tonto no tiene un pelo, y no le quitaba el ojo de encima a mi novia en ningún momento. “Es que no se puede estar tan buena, Dale” le digo yo siempre en plan de broma, y ella me responde: “calla, animalote, que eres tú el que más partido saca de ello.”

He estado hablando con Zarkov acerca de Metrik. A Zarkov no le gusta juzgar a las personas. Para él todo hombre es honorable mientras no se demuestre lo contrario. Está de acuerdo conmigo en que el Príncipe Metrik es algo lelo, y que al igual que los políticos y los funcionarios terráqueos, su nocividad procede no tanto de su mala intención como de que en cualquier momento le se le crucen los cables y pueda cometer alguna gilipollez.

Uno de los puntos de fricción con el derrocado emperador Ming era precisamente esta manía de Metrik por normalizarlo todo: Al tirano le interesaban las homologaciones en la medida en que pudieran aplicarse a tornillos, propulsores antigravitatorios, pistolas de rayos y cosas asi; es decir, control de calidad en ámbitos técnicos relevantes para el poder. Sin embargo, al botarate de Metrik se le fue la olla y empezó a definir estándares para todo, incluso para el protocolo imperial y el harén del déspota. De modo que Ming se mosqueó y lo metió en un campo de prisioneros (ironías del destino, homologado previamente por el propio Metrik). Asi fue como el reino de Aenoria y su despreciable pueblo de burócratas y chupatintas se unió a la rebelión. Acudieron a Mongo City para la batalla final y lo liberaron. Sin embargo, creo yo, no habrían perdido gran cosa dejándolo en el maco.

Hoy por la mañana nos disponíamos a salir de paseo, después de desayunar a toda prisa para evitar que nos cogiera por banda, cuando de repente, ¡zas! ¿quién te crees que aparece por el buffét? Metrik en persona, para saber si estábamos contentos, si nos sentíamos cómodos y todo eso. Llevaba un block de formularios en el que iba apuntando las respuestas. Dijo que era importante para certificar el sistema de hospitalidad palaciega. “¡Joder, ese tío está enfermo!” exclamó Zarkov cuando coincidimos en el WC antes de comer. “¡Tiene hasta un libro de reclamaciones en el sótano de los calabozos!¡No entiendo cómo puede andar con esas gilipolleces perfeccionistas cuando es él quien se certifica a sí mismo! ¡Una cosa sí que te puedo decir, Flash: no son españoles!”. Y dijo esto sacudiéndosela con más énfasis que el acostumbrado. Zarkov posee autoridad en esta materia, puesto que su madre nació en Morón de la Frontera.

Cuando estás con un mandatario normal te invita a ver sus dominios, sus armas, sus trofeos de caza o incluso su harén, como me pasó con un cacique del Subcontinente Cli-Cli que estaba algo volado. Metrik, en cambio, te lleva a visitar su despacho, donde guarda sus dispositivos de calibración, sus polímetros, sus libros de estadística, su rotativa offset particular para formularios y la colección completa de normas MIN (Mongo Industrie-Norm). “No en DVD como los consultores de poca monta, sino en archivadores como Dios manda” dice, con un pícaro guiño. “¡Toda una pared llena de ellos!”

A todo esto Zarkov, el muy sinvergüenza, bajo pretexto de que su madre le llamaba por conferencia intergaláctica, ya había hecho mutis por el foro. Se pasó toda la mañana en un centro comercial de Aenoria, de compras con Dale, examinando minuciosamente desde detrás de sus gafas ahumadas la anatomía de las dependientas mientras ella generaba un caos absoluto en los percheros y los stands de zapatos… y entretanto yo tragándome las soporíferas losas de Metrik. Solo ha habido una situación en la que lo pasara peor: fue hace muchos años, en una conferencia de Al Gore sobre el calentamiento global. El tío no solamente es un pelmazo, sino también un geta integral. Asegura que sus normas MIN constituyen la cúspide de una historia de cinco mil años de burocracia industrial en el planeta Mongo. Pero a mí no me engaña: abrid cualquiera de los tomos y os daréis cuenta de todo lo que ha fusilado de otra colección de normas alemanas muy utilizada en la Tierra.

El pavo me mostró un fragmento de metal plateado de raro diseño, con alerones cortantes, que se mantenía suspendido en el aire merced a un campo antigravitatorio. “Esto”, me explicó, “es una mediana normalizada para la aerovía. Está inspirado en un edificio psicodélico de la Tierra que llaman Museo Guggenheim Bilbao”. A pesar de que les había costado un huevo fabricarla, a Ming no le gustó, porque su escolta de motos volantes manifestaba una rara tendencia a colicionar contra el dispositivo. A resultas de ello numerosos miembros de su guardia resultaron gravemente mutilados -entiéndase: me refiero a los que lograban sobrevivir después de caer sobre los pasos peatonales, a doscientos o trescientos metros por debajo del nivel (también normalizado, por cierto) de la aerovía-.

Metrik es un caso extremo, pero en su país la homologación y los trámites constituyen un vicio nacional tan extendido que ríete de los franceses con sus quesos, o de los griegos a la hora de la siesta. Las normas no solo afectan a productos industriales como tuercas, latas de refresco, sellos de correos y papel, sino también a cosas de lo más impensable como la longitud del césped en los jardines, el color de la ropa interior de señora y hasta las mismas sentencias judiciales, elaboradas en forma de impreso para quitarle al magistrado un trabajo que después se le reintegra de manera desproporcionada en forma de seminarios para la ISO-15000 o evaluaciones de 180 grados.

El gran inconveniente” me explicó, “es que si no hay un recuadro correspondiente al delito tipificado te pueden recurrir la sentencia, y luego se arma un follón tremendo. De todos modos eso resulta preferible a caerse de una aeromotocicleta viendo como tu pierna desciende por separado a cinco metros de distancia, ¿no le parece?”. Al oirle mascullar semejante parida, mostrando sus incisivos como un conejo mientras reía, sentí deseos de propinarle un puntapié en su oficioso culo.

Aquel suplicio se prolongó después de la hora de comer, hasta que vino un chambelán para transmitir un aviso urgente. Una tribu bárbara asentada en las fronteras del reino se había negado a adoptar los nuevos bidones de aluminio estándard para la leche de sus cabras. El Príncipe Metrik, compungido y visiblemente nervioso, se marchó tras haberse disculpado por tener que interrumpir nuestra interesante charla. En aquel momento asuntos más perentorios recababan su atención: hacer frente a una grave crisis nacional que podía significar la guerra con los nómadas, pero que para mí, sin lugar a dudas, supuso un alivio providencial.

Por la noche me sentía cansado y de mala leche. Encontré a Dale sentada frente a la cómoda, cepillándose sus largos y sedosos cabellos negros. “¡Qué mala cara tienes!” me dijo. “¿Te lo has pasado bien con Metrik?”. Fui franco en mi respuesta, y algo sarcástico con nuestro anfitrión, por lo que ella consideró oportuno reprenderme: “No seas duro con él, cariñazo. No es mal tipo. El hombre hace lo que puede por mostrarse amable…”

Sobre todo contigo” le respondí, intentando mostrar mi sonrisa más canallesca y lasciva -algo que decididamente jamás se me dará bien, porque soy un pésimo actor. Tengo menos facultades interpretativas que Tom Cruise en La Guerra de los Mundos-. “Ya me he dado cuenta de cómo te mira el escote”. Tuve que apartarme para esquivar la trayectoria del cepillo, que pasando de largo fue a dar contra un higo chumbo cantarín, arrancándole un chillido de dolor. Dale y yo nos pusimos a pelear sobre la cama. Hicimos unas risas, y lo que vino a continuación no es apto para todos los públicos.

 

Sospechosos habituales

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 8 Noviembre, 2007

usual_suspect.jpgDesde que salió publicada la sentencia el Concejal de Seguridad Ciudadana no ha vuelto a pegar ojo. Se supone que el juez debía dejar las cosas en su sitio, pero la ciudad se ha convertido en un hervidero de rumores e insidias. El peligro acecha desde las esquinas. Habiendo percibido el olor a sangre, asoman una vez más por todas partes sus ratoniles hocicos los reporteros especializados en ejecuciones de los diversos medios. En algún lugar de esta noble villa hay carne en descomposición. Y esto a pocos meses de las elecciones municipales.

El edil decide presentarse en la oficina del Jefe de Policía.

-No es mucho lo que se puede hacer- explica este último, poniendo una mano sobre la copia del sumario- Deberías estar satisfecho con que el juez haya logrado empapelar a los dos marroquís y el mendigo, sentenciándolos a cinco años. Son los únicos cuya presencia en el lugar del crimen está probada de manera incuestionable. Y no creas que ha sido fácil llevar el tema. Por si fuera poco los marroquís se han declarado en huelga de hambre.

-¿Y qué hay del mangui “Trinidad”? ¿Por qué el juez lo deja marchar?

-Es un choricete de muy poca monta. Sabemos que está fichado por la Policía Municipal del Tomelloso, y puede que tenga causas pendientes en otros sitios, pero no hay nada que lo vincule al asunto del viejo almacén de ultramarinos. Ni siquiera estaba en la ciudad cuando se produjo la explosión.

Asi las cosas, como habría escrito aquel idiota engreído de Julio César. “Trinidad”, absuelto. Después de tanto ruido en el Pleno Municipal y en Tele Bilbao, parece que la voladura del almacén se había quedado sin autor intelectual, sin la mente maligna que supuestamente había urdido y planificado aquella infamia sin par en la historia municipal. Como resultado del fiasco, durante los próximos meses la campaña política corría el riesgo de verse viciada por todo tipo de especulaciones y leyendas calumniosas. ¡Si él mismo no se hubiera expuesto tanto ante los medios, con aquellas alegaciones imperdonablemente ramplonas sobre la infalibilidad de la policía y el sistema judicial, etc. …!

Al menos le quedaba el consuelo de que el veredicto barría de un revés la ridícula tesis del concejal Basagoiti, líder de la oposición: que habían sido las ratas quienes, royendo la manguera de una bombona de butano, unos cables o no se sabe bien qué otro dispositivo técnico mal conservado, provocaron la violenta detonación que hizo llover trozos de vidrio hasta en la Pasarela Calatrava, provocando que unos transeúntes que estaban de gaupasa huyeran aterrados al pensar que eran las losetas las que saltaban en el aire. Con la demolición de la malhadada “tesis Basagoiti” la profesionalidad de los servicios de inspección municipal quedaba asi a salvo de toda incuria partidista.

-¿Y no se puede hacer nada respecto a ese “Trinidad”?- preguntó el Concejal- Por lo que tengo entendido tenía una furgoneta con la cual se dedicaba a robar tapas de alcantarilla para venderlas al peso. ¿Está al día en el pago del impuesto de circulación? ¡Tiene que haber multas pendientes!

El Jefe de Policía le miró mientras apuraba su cigarrillo con una última y vigorosa chupada.

-Oyeme, Koldo- le dijo- Si quieres podemos sentarlo otra vez en el banquillo, pero va a ser una pérdida de tiempo. El juez está harto del tema y de los oportunistas que han intentado capitalizarlo con fines políticos o de autobombo, harto de los debates en el Pleno, harto de la demagogia de Oleaga y Basagoiti, harto de toparse con todos esos buitres de “El Mundo” en la hora del café, y de que le toquen los cojones con preguntas improcedentes sobre presuntas prevaricaciones y el lobby del butano. Lo que quiere es volver a trabajar en demandas contra la Ertzaintza, casos de desahucio, reyertas callejeras y trámites de extranjería. Desea cosas normales, rutinarias, que le dejen tranquilo para estar en forma cuando dentro de un año comience el proceso contra el Lehendakari, que esa va a ser otra. Créeme si te digo que le va a sentar muy mal si no ponemos cuanto esté en nuestras manos para que deje de llover sobre mojado. Y a la Fiscal, ni te cuento: está de baja por estrés. ¿No has leído la entrevista que le hicieron en “El País”?

-¡Entonces hay que aguantar marea!- exclamó, resignado, el Concejal.

-Sabes bien cuál es la única alternativa…

El Concejal de Seguridad Ciudadana lo sabía: continuar la investigación en las cloacas. Pero eso era lo último que estaba dispuesto a hacer. Y menos en plena precampaña. Los destinos de una gran ciudad no se deciden en los ayuntamientos ni en las Cámaras de Comercio, sino en el interior de una tupida red de intereses y negocios inconfesables, que van desde las calificaciones urbanísticas hasta las casas de citas. Por el desastre del almacén los antiguos propietarios habían recibido una substanciosa suma. Pero lo más intrigante no era eso, sino el que la compañía de seguros hubiera pagado casi en el acto, ingresando el dinero cuando el perito apenas había terminado de sacar su informe por la impresora.

No, por ahí el concejal no estaba dispuesto a pasar. Resultaba problemático. Mucho más que tolerar conspiranoias y editoriales manipulatorios. Sentado ante el escritorio del Jefe, mientras este aplastaba la colilla contra el fondo del cenicero, paró en la cuenta de que en una ciudad de trescientos cincuenta mil habitantes existen problemas de mayor importancia: la seguridad ciudadana, el tráfico, el desempleo, la integración de los inmigrantes… Eso le hizo sentirse optimista. Había que mirar al futuro, como dijo Zapatero al terminar el juicio del 11-M. El concejal se levantó, sacudiéndose los pantalones.

-Bueno, ya se me ocurrirá algo- dijo mientras miraba el reloj de la pared- Vayamos a comer juntos. Aunque parezca increíble, hay un restaurante que los periodistas no conocen todavía.- Publicado en Izaronews.

Muerte de un guerrero

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 5 Noviembre, 2007

pharaoh.jpgEsta es la historia de un soldado egipcio que llevó a cabo un hecho de armas tan portentoso como mal pagado, del que se tiene noticia por las anotaciones de algún historiador indiscreto y moralista. Encontró su némesis no en la felonía de los mandatarios, sino en el hecho de que su país, en aquel momento de crisis nacional, no se regía por la meritocracia, sino por la propaganda y la mentira. Mejor no señalar a nadie, pero esto es precisamente lo que sucede hoy día en algún que otro lugar al que, en uno de nuestros acostumbrados excesos de autocomplacencia, creemos más civilizado que el antiguo Egipto.

Faraón estaba en guerra con unas tribus del Asia Menor, y como de costumbre marchó a la batalla al frente de sus tropas. El lance militar era propicio, pero un revés de la suerte hizo que el rey-dios se encontrara rodeado por una turba de enemigos que consiguieron abatir a su guardia personal. Cuando todo parecía perdido, aparece nuestro soldado, abriéndose camino a través del tumulto, a pecho descubierto, sin lanza, ni escudo, ni yelmo, que había dejado atrás para que no le estorbara el peso de la impedimenta. Armado únicamente con su espada de bronce, asesta mandobles a los feroces hititas, partiendo cabezas, cercenando miembros y matando enemigos con el furor salvaje de un león en mitad de una manada de hienas; Avanza resuelto hasta donde se hallaba Faraón doblegado por la necesidad, y una vez allí, plantado delante de su señor, con desprecio absoluto de su propia vida, a la vista de todo el ejército, lo protege contra los bárbaros que lo acosaban el tiempo necesario hasta que acuden refuerzos con los que fue posible restablecer la seguridad en aquel lugar tan crítico del campo de batalla.

Y asi fue como los egipcios se hicieron dueños de la jornada. Cuando la batalla remitía, al atardecer, al soldado, exhausto, cubierto de polvo, sudor y sangre enemiga, le parecía estar caminando sobre una nube. El corazón le latía con fuerza. Le zumbaban los oídos. Seguramente en aquellos momentos Faraón estaría pensando en la mejor forma de recompensarle. ¿Le daría un mando en el ejército? ¿Tierras, esclavos, oro? Puesto de pie ante lo que él creía un decisivo cambio de la fortuna, su imaginación le asaltaba con ensoñaciones de un futuro de honor y riqueza.

De repente ve venir a Faraón acompañado de un alto funcionario y dos miembros de su guardia. Se ordena al soldado postrarse de rodillas y él obedece. El resto transcurre demasiado rápido como para entender lo sucedido. Uno de los oficiales desenvaina su espada, la levanta y con un golpe seco decapita al soldado. Y este fue el premio de su esforzado acto. No hay que culpar a la mezquindad, sino a la soberbia de su señor. Faraón no podía permitir que el mundo supiera que él, siendo un dios en la tierra, se había hallado en peligro de sufrir la misma suerte que el resto de los mortales, y tampoco en la necesidad perentoria de que uno de ellos le ayudara a vencer en combate.- Publicado en Izaronews.