Der Kabarettist

La vida de los otros

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 24 Septiembre, 2007

Hace poco he visto en DVD la película “La vida de los otros”, que trata un tema controvertido de la historia alemana reciente: el seguimiento y las escuchas a intelectuales y escritores llevado a cabo por la policía secreta del régimen comunista germanooriental. El filme está dirigido por Florian Henckel von Donnersmarck, un superdotado que aprobó el bachillerato con matrícula de honor y trabajó como profesor de ruso tras haber estudiado dos años en Leningrado. Esta película ha recaudado una taquilla de 70 millones de euros (habiendo costado solo 1,8) y ha obtenido, aparte de numerosos galardones, un oscar a la mejor película en lengua no inglesa.

“La vida de los otros” no se ceba en la denuncia política. Sus principales leit-motiv son un número de destinos individuales entrelazados en una historia imprevisible, que comienza con un acto de abuso de poder -el empleo del aparato represivo comunista para fines personales por parte del ministro Hempf (Thomas Thieme)-, y gradualmente va cayendo bajo el control del capitán Wiesler (Ulrich Mühe), responsable directo de las escuchas. En el transcurso de su cometido, que consiste en espiar al dramaturgo Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su novia la actriz Christa Maria Sieland (Martina Gedeck), este hombre, un oficial de la Policía del Estado, eficaz, metódico y gris, descubre el arte y una calidad de relaciones interpersonales que él no conoce en su esfera privada. Poco a poco se convierte en protector del literato, encubriendo las intrigas en las que este se ve involucrado.

Lo primero que vemos es un comienzo brillante, en el que mediante una rápida sucesión de imágenes el capitán Wiesler se presenta a sí mismo ofreciendo una exposición magistral de los métodos científicos aplicados por la Stasi. Después la acción se ralentiza y decáe, para a continuación adquirir un ritmo intenso que atrapa al espectador hasta el último minuto. Sin llegar a ser una obra maestra, Henckel von Donnersmarck acierta a producir momentos de cine total, en el que con una sola imagen reproduce toda la dimensión dramática del filme, con sus tramas entrelazadas de temor, culpabilidad e impotencia para hacer frente a un dilema moral. El mejor ejemplo: cuando Dreyman, expuesto a los aparatos de escucha en el hall de su propia casa, pide a la Sra. Meinecke (Marie Gruber) que le ayude a hacer el nudo de la corbata.

Disuasión definitiva

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 6 Septiembre, 2007

dr_strangelove1.jpgCuando el Presidente nos habló del proyecto “Voltaire”, la primera reacción fue de perplejidad. Desde el helipuerto de la Casa Blanca nos dirigimos a un emplazamiento situado en las afueras de Washington. Yo esperaba un viaje más largo, pero después comprendí: en la era de Google Earth no tiene sentido montar una instalación militar ultrasecreta. Si la tapas con un rectángulo negro peor, porque no hace más que excitar la curiosidad de la gente. De hecho, la mayor parte de esos cuadrados en Google Earth corresponden ahora a bases abandonadas o simples señuelos. Las armas sofisticadas y la investigación militar se han trasladado a otros lugares menos llamativos, como en aquel caso un bunker de hormigón situado bajo el Hospital Frankyln Delano Roosevelt, al cual se accede mediante un pasadizo secreto. Excelente idea, por cierto: situar un centro de experimentos con isótopos radioactivos debajo de un hospital. A nadie se le ocurriría ir a buscarlo allí. “Ese condenado kraut está como un cencerro”, dijo el General Harriman nada más llegar, “vamos a ver qué nos cuenta.”

Como el Presidente, al igual que la práctica totalidad de los altos mandatarios del planeta, es científicamente analfabeto, el Dr. Heisshinter se encargaba de dar las explicaciones técnicas. Mostrándonos el artefacto, compuesto de varias carcasas de instrumentos y unos tubos brillantes que parecían extraidos del órgano de una iglesia, todo ello montado sobre un bastidor de varillas de aluminio, nos dijo, mientras exhibía todo su repertorio de tics nerviosos: “Meine Herren, pueden acercar sin temor. Esto no serr más que Modell a escala rreal. Los auténticos los mantenemos zerstückelt… ich meine, despiezados, en almacén por razones de segurridad”.

“¿Y bien? ¿Cómo funciona su bebé, Heisshinter?” quiso saber el General Harriman, “¿Hay que echarle biofuel de maíz? ¿O salchichas vienesas con chucrut?” Harriman no podía soportar al Dr. Heisshinter. Y en cuanto a la política del Presidente en este sentido, pensaba que era un completo disparate. ¿Cómo se puede dejar la investigación básica de la Primera Potencia Mundial en manos de asiáticos, italianos, alemanes y otra gentuza por el estilo?

“En realidad, Generral, no sabemos. Tratarrse de seltsames Phenomen… ich meine… ¿cómo dicen ustedes? …un fenómeno de lo más extrraño, y científicos investigan a marrchas forzadas, trrabajando noches, fines de semana, incluso Día de Acción de Grracias, como en tiempos de República Democrrática Alemana, cuando copiábamos chips de Siemens para montar en un zócalo y rregalar a Mikhail Gorbachov. Tal vez radiación altera una prroteína en tejido rreticular del córtex. Pero mein Gott, los efectos son rreales ¡Jenseits jedweden Zweifels! Nos dimos cuenta cuando comenzamos a investigar hace años. Profesor Chandra siempre había sido hombrre muy religioso, hindú chapado a la antigua, perro al poco tiempo de estar trrabajando en laboratorio experrimentó cambio espirritual hacia posición agnóstica y materrialista. Lo mismo haber sucedido a dos metodistas y un judío prracticante…”

“¡Un momento!” interrumpió Edgar “Bonky” Hopkins, el asesor del Presidente, “Profesor Heisshinter, ¿acaso nos está diciendo que esa cosa es capaz de hacer que la gente pierda la fe y abandone sus creencias religiosas?”

Heisshinter asintió, no sin antes escrutar a los presentes en busca de las inevitables expresiones de incredulidad: “Jawohl! Les noto un poco skeptisch, meine Herren, pero crréanme. Los resultados de investigación no dejan lugar a dudas. Das ist kein Schwindel! Aquí no hay frraude”.

“¡Pero esto es algo fantástico!” exclamó el General Harriman, “No tenemos más que dejar caer uno de estos cacharros sobre la Meca y se acabó la Guerra de Irak. Ya no hace falta seguir lamiéndole el culo a los congresistas. Y el Presidente también podría mantener a raya a esos predicadores fundamentalistas que tiene subidos a la chepa”.

El Presidente se vio obligado a intervenir para evitar que la cosa degenerase en una ronda de ocurrencias políticamente incorrectas: “General, cállese y atienda. El tema es mucho más complicado de lo que parece. Aparte de que el artefacto aun no se encuentra técnicamente listo para un despliegue operativo, una estrategia de utilización a gran escala requiere tener en cuenta a nuestros aliados. Aunque le cueste creerlo, no todos los árabes son enemigos.”

“¿Qué pasaría si alguien lo utiliza contra el Vaticano?” quiso saber Hopkins, que era católico. El Presidente le miró en silencio durante unos segundos y, después, con un movimiento de cabeza, le cedió la palabra al Profesor Heisshinter:

“Mi joven amigo, haberrlo hecho ya en experrimento secrreto, hace años. Utilizando una rozadora de fabrricación austríaca, excavamos un túnel hasta San Pedrro, prrofundidad: 500 Meter, parra que tierra absorba radioactividad de otrros elementos y no se note sacudida de la Detonation. Después observar efectos… Perro por desgracia, no sucederr nada. “Uberhaupt Nichts geschehen!”

“Por lo visto”, explicó el Presidente, “el umbral de sensibilidad religiosa de los habitantes del Vaticano queda muy por encima de las posibilidades efectivas del arma. Allí hay mucha gente con sotana a la que la Religión le importa un bledo y está dentro de la Iglesia solo porque asi puede vivir sin trabajar. Lo siento, Hopkins, pero el Catolicismo ya no es lo que era…”

Von noch grösserem Interesse” siguió diciendo el Profesor Heisshinter, cada vez más exaltado, “fuerron rresultados de una segunda prrueba llevada a cabo en año 2004 en Nordspanien. Jawohl, meine Herren! Perro me temo que solo el Präsident está autorrizado para hablarr de ello, nicht wahr, Kameraden… ich meine, ¡mein Führer…!

El Profesor Heisshinter había comenzado a sudar copiosamente. Hacía ademanes aparatosos con las manos y tenía dificultades para respirar. Estaba a punto de sufrir otro de sus ataques. Mientras le ayudábamos a recostarse en un sofá, laSrta. Titticock , su enfermera particular, que jamás se aparta de su lado, sacó del maletín la pistola de inyectar vacunas, y tras apoyarla en el cuello del estrafalario científico alemán disparó cuatro o cinco veces.

O.K., alles in Ordnung, alles in Ordnung…” dijo el Dr. Heisshinter al cabo de unos segundos, ya más tranquilo, “Danke, meine Herren. No se prreocupen. Prronto estaré bien…”

Entonces el Presidente informó:

“Caballeros, el Dr. Heisshinter se refiere a un segundo experimento que llevamos a cabo en una región del Norte de la Península Ibérica llamada País Vasco. No sé si han oído hablar…”

“Yo sí” dijo el General Harriman, “Salía en un episodio de MacGyver: sus habitantes viven en las montañas y llevan siglos luchando contra España y Francia. Van armados con escopetas y secuestran a los turistas americanos. Se comunican mediante gritos al igual que los tiroleses, y pasan la mayor parte del tiempo ocultos en sus campamentos haciendo guisos y oyendo discos de ópera. Pero Sr. Presidente, ¿qué utilidad tiene allí el invento del Dr. Heisshinter? No parecen ser especialmente religiosos.”

El Presidente le miró atentamente durante un tiempo antes de proseguir. “Menos mal”, pensó, “que soy yo quien tiene el maletín con las claves de los missiles nucleares, y no ese botarate”. Después continuó:

“Como bien observa el General Harriman, los vascos no se distinguen por su devoción, pero tienen fama de ser gente muy politizada, asi que quisimos comprobar si los efectos de la bomba se manifiestan también en las actitudes ideológicas. En esta parte del mundo se daban las condiciones ideales, ya que todos los años los militantes del partido político gobernante se reúnen en una explanada para celebrar una especie de convención patriótica. Para esa fecha nuestro artilugio les aguardaba convenientemente sepultado a un cuarto de milla bajo tierra. Para que nadie se enterase hicimos coincidir la detonación con los aplausos al final del discurso de su líder, un hombre que se parece al actor Leonard Nimoy…”

“¿Y qué pasó luego?”, preguntó Hopkins.

“Al principio nada, pero después de algunos meses comenzaron a tener lugar algunos fenómenos sociales llamativos. El partido político en cuestión cambió su cúpula dirigente por un equipo de tecnócratas. La lucha por la independencia del país ha quedado relegada a un segundo plano, y ahora allí la gente ya no se interesa por la política, sino por cosas prácticas como tranvías, cultivos ecológicos, viñedos y trenes de alta velocidad. El hombre que se parece a Leonard Nimoy vive ahora confinado en su residencia, de la que ya apenas sale por falta de apoyo entre sus acólitos… Notablemente fue el único al cual la bomba no pareció afectar en absoluto, pese a encontrarse justo encima de ella en el momento de la detonación…”

El Dr. Heisshinter, ya por completo recuperado de su soponcio, explicó que posiblemente se debía a un efecto de interferencia en la dispersión de partículas subatómicas, un fenómeno similar al ojo de un huracán.

“¿Piensa utilizar la bomba en el Oriente Medio, Señor Presidente?”, preguntó Hopkins.

enfermera.gif“Me temo que no va a ser posible, al menos de momento”, dijo el Presidente. “Decidirlo constituye una tarea que ha de quedar para mi sucesor. Personalmente soy partidario de hacerlo. A esos mullahs les vendría bien una oleada de anticlericalismo.” – Publicado en Izaronews.

El cuento chino, convertido en pesadilla

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 4 Septiembre, 2007

chinese_cruelty.jpg

China ha sido hasta hace poco una especie de tierra prometida, pero en los últimos meses comienzan a verse en los medios noticias poco edificantes sobre el gigante asiático. Por un lado están los déficits de democracia y la precaria situación de los derechos humanos -un tema antiguo, que siempre ha estado ahí, pero que los gobiernos y la gran empresa preferían ignorar-. Otras, más recientes, tratan sobre los problemas ecológicos causados por el despegue de China, las atrocidades de su industria alimentaria y la inviabilidad a largo plazo de su modelo de desarrollo.Pero las más preocupantes, de pocas semanas a esta parte, son las que tienen que ver con el espionaje económico y el robo masivo de propiedad intelectual. Publica la revista alemana “Der Spiegel”, en su última edición del mes de agosto, un informe aterrador (“Die gelben Spione: wie China die deutsche Technologie ausspäht”) sobre las arteras maniobras del gobierno chino para hacerse no ya con la tecnología y el know-how de empresas clave, sino también con secretos de estado: hackers armados de troyanos y rootkits fisgoneando en los ministerios, estudiantes en prácticas con curriculums falsos que bajo el pretexto de trabajar los fines de semana se dedican a escanear planos y robar archivos de los servidores de su anfitrión; y sobre todo, abusos y extorsiones sufridos por empresarios europeos en China.

El broche del extenso artículo lo constituyen las peripecias de un fabricante alemán de maquinaria. Eginhard Vietz (www.vietz.de) es un capitán de industria a la antigua usanza, prototipo de esos “líderes en la sombra” descritos por el consultor Hermann Simon en un ya clásico libro del mismo título: creador de una PYME que ha conseguido establecer un mercado mundial dedicándose a un nicho tecnológico muy especializado pero de carácter clave para el desarrollo industrial, en este caso tecnología de soldadura para oleoductos.

Vietz no es un recién llegado: llevaba trabajando en China desde que Deng Xiao Ping decretó la apertura económica del país a finales de los setenta, y posee más experiencia en China que ningún otro empresario alemán. Hace años el gobierno de Pekin logró persuadirle para establecer allí una planta de montaje de sus máquinas de soldar, constituyendo la obligada joint-venture con un socio chino de propiedad 100% estatal.

Al comienzo todo iba sobre ruedas. De pronto Vietz, dotado de ese sexto sentido que hace al empresario de éxito, comenzó a sentirse inquieto. Tuvo la impresión de que el personal de la fábrica se renovaba con excesiva frecuencia, y esto le hizo sospechar. Entonces anunció que se iba unos días a Europa para atender a un asunto de la central y se despidió con gran estrépito de sus empleados chinos. Pero en lugar de tomar un taxi para el aeropuerto se quedó al otro lado de la calle dentro de un automóvil de alquiler vigilando la puerta de su fábrica.

Al cabo de un rato llegó un microbus, al cual subieron ocho obreros de la planta mientras otros ocho se apeaban, vestidos con los mismos uniformes. Vietz siguió al vehículo y tras haber recorrido diez o veinte kilómetros llegó a un polígono industrial que no figuraba en los mapas de la zona. Para su sorpresa, el microbus aparcó ante un pabellón que parecía ser una réplica exacta del de Vietz, con la misma zona de oficinas, el mismo patio y la misma nave de montaje. Fuera de sí, el empresario se apeó del coche y entró en la fábrica. Allí descubrió una línea de montaje idéntica a la suya e incluso un stock de las primeras máquinas de soldar ya terminadas, con un equipo de operarios haciendo ajustes en las orugas y los brazos robot.

Vietz montó en cólera e intentó arrebatar a uno de los obreros recién llegados su propio ordenador portátil, sustraído del despacho del empresario apenas este había partido para su ficticio viaje a Europa. Ni qué decir tiene que en ese momento se deshizo el idilio oriental. Vietz canceló sus negocios en China y regresó a Alemania.

Al poco tiempo las réplicas de su máquina de soldar comenzaron a venderse en países del Tercer Mundo (a precios mucho más bajos y bajo la nueva marca del socio chino de la joint-venture). La calidad dejaba bastante que desear. En las máquinas originales el motor es de fabricación británica. Los chinos han montado su propia planta motriz (posiblemente también pirata), que al cabo de dos meses comienza a dar problemas mecánicos. Pero Vietz ha perdido buena parte de su mercado global en un segmento exclusivo, con el riesgo subsiguiente para sus 200 puestos de trabajo.

Un número considerable de empresas vascas, atraídas por la promesa de unos costes laborales irrisorios y los cantos de sirena de Pekín, se han establecido en China del mismo modo que Vietz. De vez en cuando los ejecutivos y becarios destinados en las mismas salen en las páginas de “Estrategia Empresarial” diciendo simplezas sobre la mentalidad del pueblo chino y las potencialidades de su enorme mercado. No harían mal, aunque solo fuera por curiosidad, en reconocer los alrededores. ¿Quién sabe? Tal vez, no muy lejos, haya una réplica exacta de su planta de montaje de fresadoras o lavavajillas, gestionada por el mismo funcionario del partido que se encarga de tramitarles los permisos con la administración. Un poco más de interés por parte de la opinión pública tampoco estaría de más, ya que el riesgo de estas aventuras empresariales se cubre con cargo al dinero del contribuyente, a través de la sociedad estatal de seguros de crédito a la exportación. – Publicado en Izaronews.