La Mujer en la Luna
Ver a comienzos del siglo XXI una fantasía futurista sobre viajes espaciales realizada en 1929 constituye una experiencia fascinante, sobre todo para los más jóvenes, que no han conocido más que efectos especiales de infografía, imágenes manipuladas por la dykstraflex y, como mucho, los muñecos animados fotograma a fotograma de Ray Harryhausen. La película se llama “La mujer en la luna” (Frau im Mond) y fue dirigida por Fritz Lang sobre un guión realizado por su entonces esposa Thea Von Harbou, que también dio origen a una novela del mismo título.
La mujer en la luna es la última película muda que se rodó en los estudios de la UFA. Por su estética cabe incluirla en la última época del cine expresionista alemán de la República de Weimar, junto a clásicos de culto como “Metropolis”, “Doctor Mabuse” y “Los Nibelungos”. Todos estos filmes se encuentran a la venta -a precios muy asequibles, por cierto- en una colección de películas históricas restauradas por la Fundación Friedrich-Wilhelm Murnau, que mediante el uso respetuoso y sobrio de las tecnologías digitales ha puesto a disposición del público unas versiones deslumbrantes de aquellos legendarios metrajes, que a pesar de haber sido realizados con la mira puesta en criterios principalmente estéticos fueron también rotundos éxitos de taquilla. En mi opinión personal, uno de los aspectos más positivos del trabajo de la Fundación consiste en haber incorporado las partituras originales. Existe por ahí una versión algo antigua de Metrópolis con un acompañamiento, bastante banal, por cierto, de canciones modernas de Freddie Mercury, Pat Benatar y demás; pero verla con la música original compuesta por Gottfried Huppertz realmente marca la diferencia.
Quien se decida a comprarla (no lamentará el desembolso de esos € 14,95, se lo puedo asegurar) comprobará que no se trata de una película de ciencia-ficción sin más, sino de un complejo mosaico de historias y tramas donde se dan cita la ciencia, la fantasía, el conflicto sentimental, la crítica socioeconómica y un grado de lirismo narrativo capaz de transportar al espectador hasta los mismos límites del dolor. La mujer en la luna contiene en embrión lenguajes narrativos y artificios que posteriormente han sido utilizados con éxito en las grandes producciones de Hollywood: la ciencia-ficción dura, el space opera, incluso el recurso de la cuenta atrás, de diez a cero y no al revés, ideado por Fritz Lang para que el público percibiera con más intensidad la aproximación del instante del despegue. Curiosamente, años después, se llegaría a hacer lo mismo en los lanzamientos reales.
Como curiosidad histórica, y para hacernos idea del avanzado concepto estético y científico empleado por los estudios de la UFA, se tiene constancia de que el régimen nacionalsocialista mandó retirar todos los carteles publicitarios, fotografías y maquetas del filme, porque pensó que podía poner en peligro el programa secreto de cohetes y bombas desarrollado por Alemania en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. La película, tras 160 minutos que no se hacen largos, tiene un final impactante y conmovedor, que no quiero comentar por no estropeárselo a quien decida sacrificar la tarde de un domingo viéndola.