Der Kabarettist

Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 25 Febrero, 2007

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Este libro lo encontró mi hermano en los Traperos de Emaus. Al principio lo estuvo hojeando, interesado por el tema, ya que en sus anaqueles aun no había un ejemplar del ya clásico escrito por Piers Paul Read (“¡Viven! La Tragedia de los Andes”, 1974). Mientras examinaba el volumen, tratando de decidir si el aspecto deslucido del mismo justificaba los dos euros del precio, descubrió la dedicatoria y se quedó de piedra -y yo también, cuando me lo enseñó pocos días más tarde-. Ni qué decir tiene que a partir de ese momento la suerte del libro estaba echada. A la biblioteca con él.

Estas firmas son las de Roberto Canessa y Fernando Parrado. Probablemente se encontraban promocionando el libro en España y se lo firmaron a una compradora. Después, por avatares imposibles de reconstruir, el libro fue a parar a la venta de ocasión, a la espera de convertirse en biomasa para quemar en una incineradora, o que alguien descubriera ese detalle que lo hace especial: mostrar debajo de su tapa los nombres, escritos de su puño y letra, de dos héroes de nuestro tiempo.

parrado.jpgPostdata: incluyo a continuación una fotografía de Fernando Parrado en la actualidad, junto con una muestra de su letra manuscrita. Las dos imágenes proceden del enlace facilitado por mi hermano en el apartado de comentarios.

Este es el enlace de la Fundación Padrinos, a la cual pertenece Parrado.

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Otra postdata:

En un nuevo comentario mi hermano Jorge acaba de añadir enlaces a unos videos muy interesantes de YouTube con los que me gustaría ampliar este post. El primero es un documental sobre el accidente del Fairchild de la Fuerza Aérea Uruguaya, en el que el propio Fernando Parrado refiere los hechos:

Hace falta una gran entereza para hablar con tanta calma de una experiencia tan terrible y de unos hechos que dieron un vuelco radical a la existencia de los supervivientes. El segundo video presenta a Roberto Canessa -actualmente pediatra cardiólogo de reconocido prestigio, que desempeña numerosos cargos honoríficos en instituciones médicas de Uruguay- firmando libros en Stuttgart.

Cómo se corta el jamón en Euskadi

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 21 Febrero, 2007

jamon.jpgEn finas lonchas, oiga. Y quien da ejemplo, marcando la pauta, es Josu Jon Imaz. Pues este alimento predilecto de los vascos bien podría ser símbolo de las tendencias gradualistas y amables del nuevo milenio. Antaño el PNV se dedicaba a la defensa de legados identitarios, eso que algunos llaman el “Euskotema”. Hoy funciona como plataforma aperturista, con un líder dispuesto a la cesión gradual -¡Por favor, basta de recurrir al tópico fácil y barato de la cautivación! ¡Ya cansa! ¡Si lo llega a saber no habría dicho nada en Nueva Economía!- de parcelas de poder a otras fuerzas políticas que no sean nacionalistas, siempre que demuestren hallarse capacitadas para ello.

Y la verdad es que no lo están: PSOE y PP, principales y oscuros objetos del deseo de una política de transversalidad que algunos jelkides no entienden, siguen funcionando como franquicias de sus hermanos mayores de Madrid, incapaces de asumir responsabilidades de altos vuelos, imposibilitados incluso para tomar decisiones si no hay un teléfono a mano con el que puedan pedir instrucciones a Génova o Ferraz. Y mientras esto siga asi sucederán dos cosas, una buena y otra mala, como en el chiste de la visita de los galeotes y el César: desde la perspectiva de Imaz, la mala es que su proyecto transversal no pasará de ser una entelequia; no se puede negociar con quien carece de poder para hacerlo. Hay que ir a Madrid, que es donde se cortan los trozos grandes. La buena, que por el momento no existe alternativa al liderazgo nacionalista. Sin embargo, la oposición también está haciendo grandes progresos en el manejo del cuchillo.

Por ejemplo el Partido Socialista. ¿Quién los reconocería? Ahí andan, fomentando el diálogo y las iniciativas conjuntas, participando en todos los debates, hablando, haciendo autocrítica y olvidándose después de lo que han dicho. Apoyándose en los movimientos sociales y generando aun más transversalidad que el propio Imaz, si bien de menos calidad y sobre cimientos no tan firmes. Estos sociatas vascos son como las ardillas: van metiendo las bellotas donde pueden y después no se acuerdan del escondrijo. ¿Y qué me dicen de la Izquierda Abertzale? Auténticos virtuosos de la tabla. El redescubrimiento de su frustrada vocación autonomista constituye una de las grandes revelaciones de la temporada. Casi se puede ver a través de esas lonchas como si fueran de cristal. Y de Madrazo para qué hablar: ya es veterano en esto de impartir lecciones: el mango, para una sujeción óptima, hay que ceñirlo como se coge la solapa del rival en el judo, apretando primero por el meñique para incrementar la fuerza de agarre. Hazlo asi: no perderás.

A medida que nos adentramos en el siglo XXI vamos conociendo nuevos cambios de paradigma, hasta tal punto que este País Vasco ya no hay quien lo reconozca: oh tiempos, oh costumbres, como solían decir los antiguos. Hace años oí decir a mi difunto padre unas palabras proféticas que permanecen troqueladas en mi recuerdo: “llega una época en la que los problemas desbordarán a las ideologías”. El no la llegó a ver, pero vino. Vivimos un tiempo en la que las corbatas en los Consejos de Administración interesan más que el kaiku de Arzalluz, los paseos de Ramón Rubial por el Campo Volantín y la biografía de Gregorio Balparda comprada a precio de saldo en la Feria del Libro.

Los nuevos tiempos necesitan hombres nuevos. Antes se daba por hecho que de todas las ideologías en liza una de ellas (el fascismo, el socialismo, el nacionalismo…) debía triunfar y cambiar el mundo. Lo que se requería eran estrategas, profetas, hombres de letras y armas, retóricos, gente leal: predicadores y herreros, para disponer de una protección sobrenatural adecuada mientras los lansquenetes arreaban con el mazo. Por la fiereza y el tesón desplegados en la defensa de ciertos batzokis de Llodio, según cuenta una leyenda no comprobada, pero representativa del espíritu de una época, Ibarretxe llegó a ser Lehendakari de todos los vascos y vascas. Hoy, sin embargo, sabemos que el triunfo de la ideología dominante es una ilusión. Hasta Otegi parece haberse dado cuenta de ello. Más importante aun que los propios programas concretos es el marco de relaciones constitucionales en el que los mismos compiten y, sobre todo, los intersticios del sistema, esa zona gris y productiva en la que un verdadero experto se mueve como pez en el agua, allí donde está la grasa más delicada: no tiene el mismo sabor que lo rojo, pero alimenta cuatro veces más.

La conquista ha terminado. Ya no hacen falta alabarderos. El nuevo hombre (o la nueva mujer, por imperativo de la corrección política) posee un perfil tecnocrático: experto en redes, mediador de conflictos, sobrado de inteligencia emocional, muy viajado y capaz de ganarse la confianza de los demás. Lo principal de su esfuerzo se invierte no en luchar contra la naturaleza o contra los hombres, sino en mantener a raya su propio ego. Y cuando alguien es bueno en esto, usted y yo ni siquiera sabremos que existe. La invisibilidad es el signo de la maestría. Pero ahí, bajo la línea de flotación, hay más substancia que arriba, en las plataformas mediáticas, las tertulias televisivas y los mítines: no les quepa la menor duda.

Olvidábamos al Partido Popular. Ustedes habrán oído alguna vez en la COPE (confiésenlo, también la sintonizan, aunque solo sea por morbo: mucho mejor despertarse con las trompetas de Jericó que con el rosario en Radio Euskadi y la SER) severas críticas a la derecha española por su tibieza y su falta de combatividad. A FJLS, creador de neologismos infames como “maricomplejines” o “centrismo de pitiminí”, le parece que el nivel intelectual y moral de los populares es apenas superior al de las ovejas. Numancia, el Cid Campeador, Cortés en la batalla de Otumba… ¿Dónde fue a parar todo aquello? Lo cierto es que, dentro de sus posibilidades, el PP está haciendo un gran esfuerzo para adaptarse. Corre el rumor de que el blog de Antonio Basagoiti, todavía en fase de elaboración, reproduce el estilo de la página web de Barack Obama. Esto no solo es cortar delgado, sino también poner queso para que entre mejor.- Publicado originalmente en Izaronews.

Juegos de guerra

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 19 Febrero, 2007

duke-of-marlborough.jpgDurante la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1702-1713), el Duque de Marlborough quiso tomar un fuerte que protegía la carretera por la que se había propuesto invadir Francia. Pero si conquistaba el fuerte, los franceses se darían cuenta de que aquella era la ruta que había elegido para su campaña, quedando de este modo neutralizado el efecto sorpresa de su camapaña. Para evitarlo Marlborough primeramente se apoderó de la fortaleza y la dejó guarnecida con solo unos pocos soldados, para dar a entender que necesitaba el fuerte por algún motivo particular. De este modo a los franceses no les costó mucho esfuerzo recuperarlo. Una vez lo hubieron hecho, para evitar que cayera nuevamente en manos de Marlborough, ellos mismos lo destruyeron. De este modo, la carretera quedó desprotegida y cuando Marlborough quiso mover sus tropas a lo largo de ella pudo hacerlo sin ser molestado desde ninguna posición enemiga. – Lo cuentan: Robert Greene y Joost Elffers en “Las 48 Leyes del Poder”.

Izaskun y el voto electrónico

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 12 Febrero, 2007

izaskun.jpgLos desayunos del Forum Nueva Economía llevan camino de convertirse en una especie de torneo de trovadores parecido a aquel histórico castillo medieval de Sajonia, el Wartburg, en el que Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán, y donde antes que él, en los albores de la lírica europea, figuras de leyenda como Walther von der Vogelweide, Wolfram von Eschenach y Enrique Tannhauser rivalizaban por conquistar el favor del público. En estos días el Hotel Ercilla nos presenta otro tipo de cautivadores, más profesionalizados, de Ciencias y no de Letras, lo mejor de la tecnocracia vasca, comenzando por Josu Jon Imaz y, siguiendo, el pasado día 7 de febrero, con Izaskun Bilbao, Presidenta del Parlamento Vasco.

Bilbao estaba allí, ante nutrida presencia de empresarios, periodistas y representantes de las instituciones, con un triple cometido: primero demostrar que es una mujer cuya preparación profesional, aptitudes comunicativas y carisma están a la altura del cargo que desempeña; en segundo lugar pasar revista a cuestiones de indudable interés social, como el proceso de paz, la igualdad de sexos, la incorporación al ámbito administrativo de criterios organizativos y de gestión procedentes de la empresa privada, y la cercanía de las instituciones al pueblo; y, finalmente, cautivar al público. Ni qué decir tiene que consiguió todos sus objetivos. Veremos qué tal lo hace Patxi López, que es el próximo invitado de honor a estos foros el día 13 de febrero.

Al final del encuentro alguien planteó una pregunta extraña: “Presidenta: ¿está usted a favor del voto electrónico?” Lo sorprendente no fue la cuestión en sí, sino el hecho de que la Sra. Bilbao contestara sin vacilar: “¡Totalmente a favor!”, para después deshacerse en elogios de las nuevas tecnologías aplicadas al proceso democrático. Para terminar, explicó que una de las grandes ventajas del voto informatizado era su contribución a la sostenibilidad: menos papel, menos árboles talados y por ende mayores posibilidades de cumplir con los compromisos de Kyoto. Mientras gran parte de los asistentes asentían con un sesudo balanceo de sus cabezas, pensé en la predicción que hicieron hace un cuarto de siglo los gurús de la informática, según la cual la incorporación del ordenador a la oficina traería consigo grandes ahorros en el consumo de papel. Sucedió lo contrario.

Uno tiene la impresión de que la clase política vasca no está tan al tanto de las últimas tendencias como sería de esperar, dados los medios de seguimiento con los que cuenta. En Estados Unidos y Europa el voto electrónico constituye un tema de debate desvalorizado. Ningún político rompe lanzas por él, y en cambio, cada vez hay más iniciativas sociales en contra. ¿Tecnofobia, ludismo? De ningún modo: existen más razones para rechazar el voto electrónico que para abogar por él. Consideremos el asunto desde la perspectiva de un experto en dinámica de grupos, o mejor aun, de un hacker.

Cuando un ciudadano participa en el proceso democrático, ya sea como votante, miembro de una mesa, apoderado o interventor, siempre quedan rastros materiales de su actuación: un montón de papeletas que tras el cierre del colegio se someten a recuento, levantamiento de acta y traslado solemne a unas dependencias judiciales. En todo esto, aunque parezca un engorro y un atentado contra los recursos forestales, reside la mayor garantía de calidad del proceso democrático. También constituye un refuerzo del mismo, ya que en el trámite toman parte, codo con codo, vigilándose unos a otros, pero también cooperando, ciudadanos y ciudadanas pertenecientes a las más dispares sensibilidades políticas.

Por el contrario el dispositivo de voto y recuento automático es una caja negra: por un lado se aprieta un botón, por el otro sale un resultado. Aunque el sistema esté gestionado por una empresa honorable y disponga de vigilancia y certificaciones de todo tipo, no proporciona el mismo margen de confianza que el proceso tradicional. Y en caso de impugnación, siempre queda el papel, equivalente al ticket de la compra. Por si fuera poco diversas agrupaciones de hackers, en Alemania, Holanda y Estados Unidos, en una serie de pruebas recientes, han demostrado lo fácil que resulta violar la seguridad de los sistemas de voto electrónico. También tenemos el precedente de las últimas elecciones en Venezuela, que dieron la victoria a Hugo Chávez. Aunque el recuento haya sido limpio e imparcial, como aseguraron la Fundación James Carter y los observadores internacionales, persisten dudas que no contribuyen a fortalecer la concordia democrática de un país.

En una sociedad desarrollada el voto electrónico no debería existir. La clave de la democracia reside en la confianza, no en la eficiencia tecnológica. La Sra. Bilbao lo hace muy bien cuando se trata de cautivar a un público compuesto por fuerzas vivas de una sociedad como la vasca que se esfuerza por superar la mentalidad patriarcal y machista heredada de la industrialización. No tanto cuando muestra un entusiasmo incondicional por los avances de la tecnología. No siempre lo más moderno es también lo mejor. – Publicado originalmente en Izaronews.

Cibeles Marshalls 2019

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 7 Febrero, 2007

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Lo que el espectador ve en las películas americanas –gente histérica, el jefazo con la adrenalina en órbita y pegando ladridos, los teléfonos descuajaringándose a timbrazos- no es más que un fraude cultural. Cuando Méndez llegó al Presidium de Policía Ruiz Gallardón, la única diferencia con respecto a la normalidad, si es que alguna vez existió la normalidad en Ciudad-Polanco, capital de la República Socialista Monárquica de Prisia, consistía en un ambiente efectivamente tenso, pero más desde la alerta que desde la histeria. Los Tedax estaban allí. También los encargados de los perros, y el servicio secreto. Incluso el psicólogo y, por supuesto, el Fiscal. Todo el mundo en pie de guerra. Méndez, que tenía edad para haber conocido otros tiempos, se dijo: “No cabe duda: nos estamos germanizando…”

Pino, la secretaria del jefe, le vió llegar desde el otro extremo del pasillo, y sin pérdida de tiempo fue a su encuentro a paso ligero. Por lo general usaba zapatos con tacón para realzar su figura, pero aquella mañana se había calzado las zapatillas de gimnasia, otra señal de que la cosa se había puesto seria. “¡Detective! ¡Por favor, venga conmigo: el Comisionado quiere verle!”

“Hoy no te has arreglado como otras veces. Me recuerdas a Sandra Bullock.”

“¿Sandra qué…?”

“Nada, olvídalo. Era una actriz que hacía películas de acción cuando yo era joven, y que estaba para parar un tren de carretera.”

“Gracias por el cumplido, Detective. Pero no puede ser: en tal caso la conocería yo. No ha pasado tanto tiempo”.

“Tú también sabes devolver los halagos. ¿Qué tal si me cuentas lo que sucede?”

Mientras subían en el asensor, Pino le puso en antecedentes: una explosión en el centro de mensajería del bloque de oficinas Ruiz Gallardón de la Plaza Ruiz Gallardón, en pleno centro de Ciudad Polanco y junto a la estación de trenes de carretera Ruiz Gallardón. Daños: cuantiosos. Alarma social: imagínate ¿Heridos? Al menos una veintena, de diversa consideración. ¿Alguna desgracia irreparable? Afortunadamente el ataque terrorista tuvo lugar a la hora del bocadillo. Pese a la potencia del artefacto, cuyo zambombazo se ha podido escuchar desde el Helipuerto Ruiz Gallardón, a más de catorce cuadras de distancia, no ha habido víctimas mortales, a excepción de un chimpancé genéticamente modificado que trabajaba en el reparto de la correspondencia.

El Comisionado estaba flemático y firme, casi marcial, vistiendo uno de esos trajes Jil Sander para caballero confeccionados en China que están de moda entre los funcionarios con empleo fijo. El y Méndez se llevaban bien. La relación entre ambos no solo era correcta, sino también todo lo cordiales que permiten la ética laboral y el organigrama. Un autor de novela negra que hubiera querido escribir algo sobre dos personajes asi no vendería un solo libro, por lo menos entre los incontables devotos que aun tiene toda esa literatura vulgar y cargada de tópicos americanos a lo Vázquez-Montalbán y Dashiell Hammet que se solía leer durante el cambio de Milenio.

Méndez saludó con una inclinación de cabeza y no dijo nada. No era amigo de perder el tiempo con compadreos. El trato con su jefe estaba regulado por una estricta economía afectiva y semántica, y cuando hay una carta para García no se pierde el tiempo haciendo preguntas inútiles: uno coge la carta y marcha a lo más profundo del manglar a entregársela a García.

“Méndez, tenemos un problema. Ya sabe lo de la bomba”.

“Lo he oído en la SPR (Sociedad Prisiana de Radiodifusión) mientras venía al trabajo. ¿Se sabe quién ha sido, Comisionado? ¿Sirios, colombianos, ETA?”

“¿Ha oído hablar alguna vez del Frente Suevo de Liberación Nacional?”

Méndez parpadeó, mientras Pinito, con su eficacia y su precisión de movimientos habitual se sentaba en la butaca del Comisionado, se ponía el guantelete y comenzaba a manipular archivos en el ordenador a través del interfaz de realidad virtual. No era posible. El detective sacó el terminal holográfico de su bolsillo y lo desconectó para evitar cualquier interrupción. “¿Los terroristas gallegos? ¿Esos que el mes pasado provocaron los altercados de Coimbra?”

“Lo acaban de reivindicar hace un cuarto de hora. Inteligencia lo corrobora.” El Comisionado hizo una seña para que tomara asiento.“Al parecer” continuó, “En realidad los terroristas querían poner la bomba en el Bloque de Oficinas Ruiz Gallardón de la Avenida Ruiz Gallardón, y no en el Centro de Negocios Ruiz Gallardón de la Plaza Ruiz Gallardón, donde ha estallado. Es fácil equivocarse en esta ciudad, con tanta abundancia de topónimos en memoria del antiguo alcalde… Evidentemente los suevos buscaban un efecto mediático. No consta que tuvieran la intención de matar…”

“Sin embargo no avisaron”, interrumpió Méndez. “Tanto en un lugar como en otro podría haberse producido una hecatombe. Decenas de víctimas, tal vez cientos. Es un milagro que solo le haya tocado a ese pobre animal.”

“Sí avisaron, Méndez” corrigió el Comisionado: “En la misma llamada con la que han reivindicado el golpe hace pocos minutos. He aquí su segundo error: orientarse por ese ridículo huso horario lusitano que pretenden implantar los separatistas gallegos. ¡Si serán imbéciles…! ¡Imagínese: todos sus relojes, incluido el de la bomba, llevaban una hora de retraso!”

Méndez conocía bien la teoría de su jefe respecto a los grupos insurgentes: todos los terroristas son malvados, pero entre ellos cabe distinguir dos tipos: terroristas inteligentes y terroristas tontos. Los más peligrosos, con diferencia, son los segundos. Por lo general lleva poco tiempo atraparlos, pero en el ínterin son capaces de provocar auténticas catástrofes, en virtud del poder devastador que les proporcionan los explosivos de alta potencia combinados con la estupidez organizada. Había que actuar con rapidez, para evitar un deterioro en la imagen del gobierno, daños a las compañías de seguros y, peor aun –lo que en términos políticos resultaría del todo inasumible- nuevas víctimas. La muerte de aquel chimpancé suponía ya un grave problema, sobre todo desde que el Presidente Zapatero hubiera otorgado su célebre carta de ciudadanía a los primates.

Méndez sintió que había terminado el momento de las palabras y llegaba el de la acción, asi que se levantó de su silla. “¿Por dónde tengo que empezar?” Hubo un instante de silencio. Pinito, frente al ordenador, levantó la mirada con una expresión inquisitiva, y Méndez comprendió que, desde hacía por lo menos veinte minutos, ella estaba al corriente de cosas de suma importancia, que ahora el Comisionado estaba a punto de revelarle a él.

“Méndez” dijo finalmente: “Quiero que entienda la gravedad del asunto. Mire usted, de haber estallado la bomba en el emplazamiento original elegido por los terroristas no sería lo mismo: un par de Burger King, Fnac, el Museo Gay, la Iglesia de la Almudena, el Catafalco de Don Jesús… Una gran conmoción social, el tráfico interrumpido durante varias horas, el SAMUR haciendo sonar las sirenas por toda Ciudad Polanco y grandes titulares en la primera plana de La Nación, El Planeta y el XYZ. Nada que nos afecte a nosotros, o que la brigada de bomberos no sea capaz de solucionar. Pero el atentado tuvo lugar en el Centro de Negocios Ruiz Gallardón de la Plaza Ruiz Gallardón, y da la casualidad de que allí se encuentran las dependencias del Conservatorio Sonsoles Espinosa, donde precisamente para hoy, a las once y media de la mañana, estaba prevista una visita oficial de la Reina Leticia. Esto no es un atentado cualquiera; aunque sus propios autores no se lo habían propuesto, ha terminado convirtiéndose en un golpe directo contra la Jefatura del Estado ¡Méndez: esos bastardos acaban de hacer del cuerpo encima de la Democracia, el Estado de Derecho y la Constitución Reformada del 2010!”

No hacía falta decir más. Todos aquellos años en la lucha antiterrorista a las órdenes del Comisionado le permitían anticiparse al curso de su pensamiento estratégico. Ante todo, actuar con rapidez: desactivar la célula sueva antes de que la prensa tuviera tiempo de reaccionar y comenzaran a tirarle de las orejas al Secretario de Estado -y este, a su vez, al Comisionado, siguiendo un orden natural de picoteo que acabaría en la gallina más débil, por ejemplo en el propio Méndez-. La adorable y eficaz Pinito había terminado de imprimir el dossier. Con la gracia hierática de una mantis religiosa, y al mismo tiempo, sorprendentemente, con la agilidad de una ardilla, lo metió en una carpeta de cartulina reciclada y lo puso en manos del detective. El Comisionado era una máquina antidisturbios a pleno rendimiento, un gladiador ansioso de salir a la arena y morir por el César: mientras se desplazaban de lado hacia la puerta, igual que los cangrejos, y Pinito les seguía moviendo graciosamente sus pequeños pies, siguiendo el paso de su jefe, como en una clase de ballet, el Detective recibió una andanada de últimas instrucciones de su superior.

“Ahí tiene todo lo que se sabe de esos hijos de la gran chingada. Póngase en movimiento. Recuerde que estamos buscando un pez espada, y no chicharros”. El Comisionado se refería a las prácticas chapuceras y deshonestas de los viejos tiempos, cuando ante la imposibilidad de solucionar el caso en los plazos fulminantes exigidos por el gobierno y la opinión pública se adulteraban informes, se aportaban pruebas falsas, o se arrestaba a robagallinas o camellos marroquís para acto seguido acusarles de atentados suicidas, masacres o delitos inimaginables contra la seguridad del Estado. “¡Quiero un buen trabajo, resultados, culpables y el corpus delicti, todo en uno y a vuelta de correo! Dentro de la carpeta encontrará las señas de un individuo al que los Servicios de Inteligencia de la Guardia Civil (sí, en el 2019 todavía existe la Guardia Civil, y sin desmilitarizar) lleva algún tiempo siguiendo. Necesitará una orden judicial para enhebrarlo como hace falta. He mandado que la tramiten ante el Juzgado de Instrucción mientras usted estaba de camino hacia aquí. Supongo que ya estará preparada. Pino, acompañe al Detective hasta el Negociado para recogerla. Llévese los hombres que necesite, Méndez ¡Y también su arma de reglamento!”

Lo último que oyó al salir, mientras Pinito, tomándole del brazo, le alejaba del despacho del Comisionado, fue algo parecido a esto: “Acabe con esos alcornoques célticos antes de que causen más problemas ¡No fracase!”. Los pies de Pino se movían con una suavidad indescriptible, como si no llegaran a tocar el suelo. Acompañándola, con la mano de ella puesta en su codo, mientras pasaba rápidamente las hojas del dossier, como si quisiera calcular su peso, las perspectivas de éxito, la carga de responsabilidad que todo aquello implicaba y las consecuencias en la eventualidad de un fracaso, Méndez se sintió extrañamente satisfecho.

Había conocido los viejos tiempos. Ni comparar con la actualidad: los agentes siempre dispuestos y con la moral alta, una plantilla rejuvenecida y dinámica, directrices claras, transparencia y afán de superación, capacitación y competitividad. Un funcionariado policial verdaderamente europeo. ¿Acaso era el país el que estaba cambiando? Al bajar por la escalera se cruzaron con dos antidisturbios que venían de Administración. El uniforme impecable, firme y aplicado el paso, las nucas al cero y las manos desocupadas -que es precisamente en lo que se distingue al buen policía o al buen escolta: no te dejes cubrir las espaldas por uno que se hurga el bolsillo o mariconea con las llaves-.

Méndez pensó: “No nos estamos germanizando. Nos hemos vuelto franceses”.

El gran cuento chino

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 1 Febrero, 2007

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Durante el 2006 la economía china creció un 10,7 por ciento. Hace años una noticia como esta habría sido interpretada en el contexto de los tópicos de costumbre sobre las economías emergentes (en contraste con la escelerosis y la pereza occidentales). Ya no es para tanto, y en la actualidad los avisos procedentes de Pekín no suscitan entusiasmo. Por el contrario, a menudo son motivo de seria preocupación. Muy pronto sabremos por qué.

Dejando a un lado el controvertido debate sobre las libertades democráticas y los derechos humanos, y centrándonos tan solo en los aspectos relevantes a efectos de las ciencias sociales, hay que decir que en la China Roja no es oro todo lo que reluce. Para empezar, los logros económicos de China, si bien considerables, no son tan imponentes como nos los describen: las altas tasas de crecimiento se deben a que su desarrollo económico parte de niveles precarios, y son características de economías subdesarrolladas o en fase inicial de industrialización.

Imagínen que tienen un piso y quieren comprar otro: se hipotecan poniendo el primero como garantía y con los ingresos de este pagan la deuda del segundo. Su patrimonio inmobiliario habrá aumentado en un 100%. Al año siguiente repiten la maniobra. Adquieren un nuevo local poniendo como garantía el anterior y utilizan los ingresos del mismo para hacer frente a la hipoteca. Sin embargo, en ese año, su patrimonio habrá crecido tan solo un 50%. Si hacen esto todos los años, las tasas de crecimiento de su riqueza inmobiliaria irán reduciéndose progresivamente: en el tercer año un 33% (tenían 3 y ahora uno más); en el cuarto un 25% (existencias: cuatro; incremento: uno). Al correr del tiempo el ritmo de crecimiento habrá dejado de ser espectacular, por evidentes razones de aritmética.

Todo “milagro” económico tiene una causa que lo desmitifica. Tras la capitulación Alemania pudo recuperarse con tanta rapidez gracias a que su base industrial había salido intacto de la guerra. En el caso de China, el secreto se halla en el trabajo esclavo y mal retribuido de una ingente masa de obreros que se pasan la vida de sol a sol en condiciones que para los estándares occidentales resultarían totalmente inaceptables: ganar en un mes lo que nosotros en un día, sin seguridad social, ni sindicatos, ni derecho a la huelga, en ambientes laborales peligrosos, que suponen la muerte de más de cien mil personas al año en accidentes de trabajo -principalmente en la minería-, y de otras cuatrocientas mil como resultado de enfermedades respiratorias debido a las emisiones de las centrales térmicas y una instalaciones industriales obsoletas. Este lado oscuro del resurgir industrial de China es algo de lo cual la opinión pública europea comienza a hacerse eco que las altas tasas de crecimiento de ese país están empezando a verse más como amenaza que como lección de economía política.

¡Cuánto han cambiado las cosas en los últimos años! Antes se consideraba a China como el bueno en una película sobre las maldades del FMI. Ahora resulta que es un peligro para la ecología global. Porque el despegue económico chino también conlleva los pasivos asociados a un deterioro medioambiental irresponsable y salvaje, cuyas externalidades, según los economistas, podrían ascender a un 10% de su P.I.B.

Los ríos chinos se encuentran polucionados en la mayor parte de sus cauces. La explotación incontrolada de cuencas carboníferas y acuíferos está provocando daños irreparables en extensas zonas del territorio. Los efectos se perciben incluso fuera del país: contaminación de los grandes rios siberianos, sobre todo a resultas del accidente de la planta petroquímica de Jilin en octubre de 2005; y grandes nubes de polvo procedentes de zonas desertizadas -como consecuencia de la cría masiva de ganado lanar, sobre todo cabras, para la fabricación de esos jerseys de Cachemira tan baratos que se pueden encontrar en los bazares chinos- que llegan incluso hasta Estados Unidos y Europa.

Los gobiernos y las grandes empresas de Europa han insistido siempre en la necesidad de estar presentes en el mercado chino. Indudablemente un gran negocio, estimulado por las posibilidades de una economía en pleno despegue, y respaldado por el dinero público. Una aventura comercial en el que es imposible perder, a pesar de los riesgos asociados a la corrupción, la ineficiencia burocrática y la falta de un entorno jurídico adecuado para el comercio. Por poner un pie en el Celeste Imperio, los empresarios europeos están dispuestos a cualquier cosa: a financiar generosas becas, pagar salarios astronómicos a sus directivos, entrar en el juego de sobornos y extorsiones que imponen los funcionarios locales y, peor aun, ceder la tecnología y el know-how adquiridos trabajosamente a lo largo de las últimas décadas, ante la presión del gobierno chino, que sigue la política de distribuir sus contratos únicamente quienes se pliegan a esta exigencia de colaboración forzosa con su sistema de I+D. Todo a cambio de unos pocos euros, con cargo al propio futuro industrial de Europa. Los beneficios son para las empresas; las pérdidas, para el contribuyente y la próxima generación de asalariados.

China, a pesar de lo que diga el ICEX, es un bluff. Para saber dónde hay oportunidades de negocio sanas no hay que seguir la pista de los grandes industriales europeos, sino de aquellos que trabajan sin el apoyo de una compañía de seguros de crédito a la exportación como CESCE o HERMES. Los norteamericanos, por ejemplo, no invierten su dinero en China: prefieren hacerlo en Irlanda y en Alemania, y ello a pesar de la euroesclerosis y la oposición a la guerra de Irak.

Cuando el gobierno comunista decidió emprender su programa de reformas económicas en 1978, su prioridad principal consistía en elevar el nivel de vida de la población y crear unos puestos de trabajo que se necesitaban con urgencia tras la penuria dejada por los desastres económicos de la planificación. Más adelante se vislumbró la posibilidad de perseguir ambiciones nacionalistas: devolver a China la relevancia histórica que tuvo en el pasado como gran imperio y una de las primeras civilizaciones del mundo. Ahora, los problemas derivados de la interdependencia global y la sostenibilidad están creando una situación en la que el Partido Comunista, sin saber hacia donde va, ya no puede aspirar a un propósito concreto, como no sea el de mantenerse en el poder.

A largo plazo el sistema económico de China no es viable. Su gobierno, que ha suscrito los acuerdos de Kyoto, se niega sin embargo a asumir sus compromisos pretextando su condición de país subdesarrollado. Aunque la naturaleza tuviera una tolerancia ilimitada al abuso derivado de la construcción de embalses, el aprovechamiento incontrolado de recursos hídricos y energéticos, los vertidos industriales a los ríos y al mar, las emisiones de CO2 y los desechos radioactivos, el futuro político y económico de China se encuentra comprometido por dos importantes amenazas: por un lado la inestabilidad social procedente de una gran parte de su población que vive al límite de la pobreza, en un momento en que comienzan a ensancharse las diferencias entre ricos y pobres; por otro, el poder en ascenso de las administraciones regionales, cuyos objetivos difieren de los del gobierno central y el Partido Comunista.

Respecto a China bien podría resultar que lo único que tenga trascendencia histórica sean los problemas a escala global que está generando. Por una extraña ironía de la historia, el único partido comunista que ha sido capaz de hacer algo por el bienestar de su pueblo depende ahora para su propio futuro de una cooperación comercial cada vez más estrecha con las fuerzas del odiado capitalismo, al que en un primer momento se pretendía reemplazar en ese gran banco de pruebas para sistemas de producción en que consiste la historia, según los marxistas. No hay que banalizar el problema: la cuestión de hacia dónde va China también plantea un interrogante relacionado con el destino del mundo desarrollado.- Publicado originalmente en Izaronews.

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