Der Kabarettist

Nada nuevo bajo el sol

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 29 Octubre, 2006

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Acabo de darme una vuelta por la tradicional Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Bilbao y he aprovechado para comprarme un ejemplar bastante curioso, uno de esos tomos cuyo texto comienza siempre en la página Nr. 1, de los que se escribían para enseñar a la gente, y no para engordar el curriculum vitae con vistas a una plaza de catedrático. Nada más empezar, la primera sorpresa. Transcribo:

“Los productos de la Química Industrial son de índole excesivamente numerosa y variada, pero en realidad solo algunos llegan al comercio para su consumo directo. Muchos de ellos se usan únicamente en la preparación de otras substancias, y asi ocurre con frecuencia que el producto final, el secundario o el residuo de una industria viene a ser el material bruto para otra, y rara vez sucede que un fabricante obtenga productos para uso del público a partir de los materiales impuros que encuentra en la naturaleza. De este modo las industrias químicas son como una red de procesos entrelazados, y al tratar de uno de ellos es muy difícil separarlo de los demás que tienen con él una relación más o menos directa. Además, como la competencia es cada día mayor en los diversos ramos, el uso que puede hacerse de los residuos y productos secundarios es tan importante, que con frecuencia se inventan procesos encaminados a obtener mayores rendimientos o mejor calidad de dichos productos secundarios, que pueden llegar a ser origen de un beneficio considerable. En algunos casos, los que eran primitivamente subproductos son ahora productos principales y la base más importante de ciertas industrias especiales. Esto sucede principalmente en la industria de la sosa de Leblanc, que ya se habría abandonado si no fuera por la obtención del ácido clorhídrico. La utilización de los materiales de residuo constituye materia inagotable para la investigación de la química industrial“.

En realidad el autor está describiendo ni más ni menos que los fundamentos de la moderna economía del reciclaje. Lo interesante reside en que este libro ni siquiera tiene ISBN. He aquí sus datos de signatura: Autor, Dr. Frank Hall Thorp, revisado por el Dr. Warren K. Lewis, Profesor de Química Industrial del Instituto Tecnológico de Massachussets, versión de la 3ª edición en inglés por el Dr. D. Mariano Marquina. Publicado por Gustavo Gili, Barcelona. Y lo mejor de todo, la fecha: ¡1925!

Opinión sobre el acuerdo y la posibilidad de entenderse

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 27 Octubre, 2006

innerarity.jpgEn la página web de Lokarri el filósofo Daniel Innerarity expone unas muy atinadas reflexiones sobre el diálogo, que se extienden a temas como la naturaleza del conflicto político y el carácter de espectáculo que este adquiere inevitablemente en una sociedad dominada por los medios de comunicación.

Daniel Innerarity es autor de “La sociedad invisible” y “El nuevo espacio público”. Aun no he tenido tiempo para leerlos, pero en sus artículos de opinión se encuentran expuestas algunas de las ideas que trata en sus libros. Aunque algunas de estas tesis resultan bastante atrevidas, merece la pena echar una ojeada.

El impresentable Doctor House

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 26 Octubre, 2006

hugh_laurie.jpgEl otro día tuve ocasión de ver un episodio de la serie “House”, de la cual me habían hablado maravillas ya durante la temporada anterior. Huelga decir que toda descripción se queda corta. Gregory House, odioso pero competente nefrólogo, y uno de los mejores diagnosticadores del mundo, es viva expresión de un conocido paradigma empresarial inventado por el falso gurú Tom Peters, en este caso ligeramente modificado: solo los hijos de puta sobreviven. Y gracias a ellos sobreviven también sus pacientes.

A diferencia de la serie clásica de médicos, producto ñoño y conformista surgido en la televisión americana de los años 50, y que ahora comienza a desarrollarse bajo licencia en España, aquí sobran todos los arquetipos del género: no hay doctores guapos, ni enfermeras enamoradas que sufren en silencio, ni falsos problemas familiares. El Hospital Universitario Princeton-Plainsboro es a un Klinikum alemán de novela barata lo que serían con respeto a M.A.S.H. las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Aquí no se toleran clichés baratos ni excesos de sensiblería, y lo que se glorifica no es tanto el trabajo en equipo como el individualismo. House transmite un mensaje conservador que quien no esté al tanto de la cultura americana probablemente no haya sabido captar: nada de formalidades, ni de corrección política, ni de búsqueda afanosa y enfermiza del consenso.

Basta pues de tanto moralismo insulso, de falsas pedagogías y reverencias corteses ante la superioridad o las juntas de patronato. Lo que importa son los hechos. Los enfermos no se curan si de vez en cuando no les das un buen corte, precisamente en el momento en que más empatía y condescendencia esperan como respuesta ante todas esas marrullerías con las que han venido a hacerte perder el tiempo. Las lavativas, las trepanaciones y las bordeces del Dr. House son para los héroes y para los que de verdad quieren curarse; el epidural y la vaselina, para los socialistas. No es causalidad que esta infame pero aleccionadora serie se estrenara en la Fox TV, el equivalente en Estados Unidos de la COPE.

House, interpretado por el estupendo actor Hugh Laurie (Sentido y Sensibilidad, El vuelo del Fénix…), es también una fábula sobre el célebre postulado conservador denominado “principio de Mefisto”: hacen más por el bien de la humanidad aquellos que persiguen su propio interés, aunque sea con medios poco éticos (por ejemplo apuestas sobre paternidad, extrayendo muestras de ADN sin permiso de sus pacientes y utilizando el secuenciador del hospital para llevar a cabo análisis genéticos no autorizados), que los idealistas, los bien intencionados y todos esos filántropos de izquierda que constantemente se empeñan en dejar el infierno empedrado de buenas intenciones.

Resulta algo extraordinario comprobar cómo el Dr. House cae bien al público (sobre todo a las mujeres) con un mensaje tan inconfundiblemente conservador. El que le veamos triunfar en la Cuatro, afín al gobierno y a unos ideales que nada tienen que ver con la tesis central de la serie, habla en favor tanto del pragmatismo del espectador español como del talento empresarial del grupo Prisa. Aquel desactiva todos sus filtros críticos con tal de entretenerse; los del otro venderían a su madre para engordar la cuenta de explotación. – Publicado originalmente en Izaronews.

Estado del malestar

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 20 Octubre, 2006

inconformism.jpgNunca antes el pueblo español ha disfrutado de mayor bienestar económico y social. Tenemos estabilidad política, un estado de derecho –al menos nominalmente- y una democracia que, mal que bien, funciona. El Estado Español forma parte de la Unión Europea y mantiene una presencia activa en todos los foros importantes del hemisferio occidental. Incluso dentro de sus fronteras reinan la concordia y el talante, aunque persistan sin resolver algunas cuestiones relacionadas con la articulación territorial. Admitámoslo sin rubor: fue necesario que el régimen de Aznar llegara a su fin para que nos diéramos cuenta de que el conflicto entre Madrid y Ajuria Enea no era en el fondo tan grave como la rebelión catalana de 1640 o las guerras carlistas.

Sin embargo los españoles no se sienten satisfechos. Su sistema político y su modo de vida, tan aclamados por la propaganda oficial y unos turistas extranjeros a quienes les gusta vivirlos de pasada, pero que no los querrían para sus países respectivos, no son lo que se esperaba. Intuímos que algo no ha ido bien, y sentimos como si por debajo de unas aguas en apariencia tranquilas y aburridas hubiera monstruos acechantes, a la espera de una oportunidad para asomar sus fauces sobre las olas y tragarse a toda una generación de ilusos, por enésima vez en la historia del país.

¿Qué es lo que sucede? Para empezar, que nuestro sistema de libertades fundamentales, recogido en la Constitución de 1978, adolece de imperfecciones también fundamentales, comparables al pecado original de la Biblia o a la pérdida de un ojo que hubo de sufrir el dios germánico Wotan para conseguir su vara de mando hecha con madera del Fresno Universal. Tenemos una monarquía constitucional instaurada por un dictador, y un rey que traicionó los designios de su mentor cercenando todo lo que este había dejado atado y bien atado; lo hizo en nocturno y alevoso contubernio con los líderes de unas fuerzas políticas que, a su vez, terciando con entusiasmo en esta dinámica de traiciones nibelúngicas, dieron la espalda a sus respectivos legados ideológicos: Suárez a la Falange, Carrillo al comunismo, González a la fe obrera de Pablo Iglesias, y Fraga a sus caducos principios nacionalsindicalistas.

Con todo, de esto aun podría haber salido algo bueno. Pero la traición política coincidió con otras traiciones económicas y culturales. No podía permitirse que el pueblo español dispusiera a su albedrío de los excedentes que su trabajo y el progreso técnico le brindaban en una era de progreso universal. Pronto vinieron las grandes empresas, sobre todo los bancos y las constructoras, y apoyados por el poder político se aplicaron con método a drenar todo exceso de poder adquisitivo por encima de la capacidad para hacer frente a la hipoteca, las letras del coche y el kebab o el chino de los domingos. No están ya lejanos los días en los que la pérdida accidental de unas gafas bastará para desquiciar el presupuesto mensual de una familia.

¿Habíamos hablado de la cultura? Más bien hemos de referirnos a un país en el que se publica mucho y se lee poco. En el que el progreso científico y las innovaciones se encuentran en el mismo lado de la balanza de pagos que el petróleo y los chips de memoria para el ordenador, en el que profesores y estudiantes puntúan en los últimos puestos de todo ranking internacional, en el que los grandes grupos editoriales, valiéndose de técnicas de marketing y lansquenetes de la crítica, promocionan escritores mediocres y los hacen aparecer como genios indiscutibles de las letras hispánicas. Tómese cualquier libro sobre tema humanístico y científico a la venta en España y podremos comprobar que se trata de una obra traducida. Consúltese la bibliografía de ese mismo tomo y veremos que los títulos en español son casi inexistentes.

Este es a comienzos del siglo XXI el estado real de la cultura española, no el que nos pintan en los medios de la propaganda oficial. No sorprenda que Antonio García-Trevijano y todo ese grupo de irredentos republicanos de izquierda que en los años 60 jugaban con el entonces Ministro de Información Fraga a quitarse el sueño los unos al otro y a viceversa, despotriquen inmisericordemente contra la galaxia de escritorzuelos y pseudointelectuales encumbrada por el gobierno y sus medios, tomándolos como chivos expiatorios de la miseria intelectual en que se halla el país. Para la numancia republicana, todo lo que se ha hecho en España desde la Transición constituye un profundo y lamentable error histórico. Y a lo peor están enlo cierto.

Sobre este malestar de fondo se articula la totalidad del discurso político, con dos grandes temas: en primer lugar los paliativos. A este piadoso fin se han dedicado, por ejemplo, los gobiernos de Felipe González y de Aznar, y ahora lo está haciendo el de Zapatero, con una inconsciencia, una ñoñez y un candor de auténtica antología. ¿Cuál es el mensaje que se quiere inculcar a las masas? Que somos guays, que hay buen rollo, que la clase media sobre la cual se asienta nuestro sistema de libertades cívicas ha roto con el tardofranquismo, que si hemos entrado en la Comunidad Europea es para instruir al mundo en el arte de vivir, cumpliendo el viejo precepto unamuniano de hispanizar Europa; que toda la educación que necesitamos la podemos adquirir con los semanales de los periódicos, y que nos lo pasamos bien dando nuestros garbeos por Ikea los fines de semana. Observen que este discurso también es el que predomina a escala local, sobre todo desde que abandonaron el escenario político determinados personajes como Xabier Arzalluz, hoy puestos en cuarentena por su terca y peligrosa visión idealista de lo vasco.

El otro hilo mental característico de un estado del malestar consiste en capitalizar la zozobra: es el discurso agónico y resentido de las oportunidades perdidas, de las conjuras, de los trenes que saltan por los aires llevándose vidas humanas y gobiernos, del tiempo perdido, del peligro de la inmigración incontrolada y la codicia de los especuladores, de las cifras menguantes de la productividad en la economía nacional, de la incompetencia burocrática y la corrupción rampante, de la pérdida de peso del estado en un contexto de globalización desbocada y neoliberalismo salvaje, de los ultrajes tanto a la unidad de España como a los derechos históricos de las regiones.

Hagámonos esta reflexión: si no fuera por ese malestar de fondo ¿existirían los nacionalismos periféricos, al menos en su vertiente más dura y reivindicativa? ¿Tendrían razón de ser en un estado que en el año 1976 hubiera logrado superar sus contradicciones históricas, donde se pudieran establecer pactos territoriales sin escándalo de nadie, en el que el pueblo, además de las franquías que hoy le reconoce la Carta Magna, tuviera también el derecho elemental de designar al jefe del estado y donde, ya para rematar las cosas, donde García-Trevijano además fuera Presidente de la República? Buen final para una historia de seculares desencuentros. Por desgracia vivimos en un mundo imperfecto, sometido al antagonismo y la fricción, en el que las lápidas de los muertos tienen más peso que las esperanzas de los vivos.

El estado del malestar, producto de una historia viciada por la codicia, el afán de poder y la traición, es una realidad que muchos prefieren no ver. Pero existe, y dentro de él se está verificando un cambio de paradigma. El talante, el conformismo de los suplementos dominicales y la España Potemkin tienen los días contados. A la luz de los indicios que se van acumulando –popularidad de las teorías conspìrativas, audiencia cada vez mayor para los medios como la COPE y El Mundo, corrientes revisionistas en auge- existe motivo para pensar que en el liderazgo de la opinión pública el anestesista y el psiquiatra están dejando paso al demagogo de derechas y al telepredicador.- Publicado originalmente en Izaronews.

Sabiduría campesina

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 10 Octubre, 2006

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Había una vez un labrador que estaba casado con una mujer hacendosa, buena administradora, perspicaz y dotada de gran capacidad empática. Se puede decir que ambos vivían en inteligente y complementaria armonía, yendo cada cual a lo suyo: ella en la cocina, el huerto y los quehaceres de la casa; él en los campos y los recintos del ganado. Con tales virtudes, ni qué decir tiene, existía en todo momento un gobierno perfecto sobre la hacienda y los criados.

Pero el labrador no estaba satisfecho. La esposa poseía una gran habilidad diplomática, de modo que en ocho años de matrimonio no habían tenido la menor discusión. No porque la mujer fuese de carácter sumiso; más bien no se molestaba en responder a las provocaciones del marido, y siempre hallaba la manera de evitar el encontronazo, llevando las cosas de tal modo que, sin tener que pronunciar una palabra más alta que otra, todo terminaba encauzándose a gusto de ella, si no en la disputa, por lo menos en cuanto al objeto de la misma. Con lo cual en el hogar había siempre paz.

Todo ello a expensas de la frustración del labrador. Porque lo que él deseaba eran emociones fuertes. Y asi, un día lo consultó con uno de sus amigos en la taberna del pueblo. He aquí la respuesta del compañero: “No estás en tus cabales, ¡cuántos quisieran hallarse en tu lugar! Pero ya que has preguntado, tengo un remedio que no fallará. Mañana, cuando regreses de la faena y vayas a meter la mula en el establo, hazlo no como de costumbre, llevándola por el bocado y las riendas. Oblígala a entrar de culo, y que lo vea tu mujer. Verás cómo no es capaz de resistirse a una buena pelotera.”

El labrador siguió el consejo, y a la tarde siguiente, recién vuelto de arar, hizo dar la vuelta a la mula e intentó meterla hacia atrás en el establo. Huelga toda descripción de la escena: el animal resistiéndose y relinchando obstinadamente, y el hombre resoplando y lanzando imprecaciones. Oyendo el estrépito, la esposa, que hacía la cena, salió por la puerta del patio gritando: “¿Pero qué es lo que sucede? ¿A qué viene todo este jaleo?”.

El hombre la miró con los ojos encendidos, mientras forcejeaba con la mula, y vociferó: “¿No lo ves, mujer…? Estoy tratando de hacer que el condenado animal entre al establo caminando hacia atrás”. La sagaz mujer le miró y se demoró unos instantes en la respuesta, el tiempo justo para comprender cuál era la verdadera intención del labrador. Entonces, limpiándose las manos con el trapo, le respondió, mientras se volvía para entrar de nuevo en la casa: “¡Haces bien, marido, que ya ha entrado muchas veces con la cabeza por delante!”

Todo esto viene a cuenta de lo bajo que ha caído en nuestro tiempo la política profesional. Proliferan los enredadores, los querulantes, los arribistas, la gente de ínfima categoría y los expertos en crear grandes conflictos a partir de causas nimias. También hay muchos que, a falta de ideas, se empeñan en hacernos ver que el ganado tiene marcha atrás y existen diferentes formas de meterlo en los cobertizos. Y son legión los que están dispuestos a aprovechar el menor incidente para hacer su agosto discutiendo, denunciando y protestando, proponiendo remedios que tienen la rara virtud, inapreciable en la era del consumo masivo, de convertirse a su vez en fuente de nuevos problemas.

Pero por desgracia no hay muchos que posean talento para resolver problemas reales. Ni siquiera inspiración para producir buenas anécdotas, en medio de una arena infestada de egos hipertrofiados que pugnan por depredarse unos a otros, recurriendo a la procacidad y al insulto fácil, utilizando recursos de imagen procedentes del reality show, o habilidades aprendidas en una taberna de pueblo. Es una lástima. Por lo que se les paga, al menos podían aportar algo de entretenimiento. – Publicado originalmente en Izaronews.

El 11-M: un mito histórico para el siglo XXI

Publicado en Uncategorized por igandekoa en 5 Octubre, 2006

dolchstoss.jpgA punto de iniciarse el juicio por el 11-M, con su acompañamiento mediático de polémicas y teorías conspiratorias, uno piensa en otro mito propagandístico que hace ochenta años tuvo consecuencias de gran alcance para Alemania y el mundo: la leyenda de la puñalada en la espalda. Derrotado el ejército del Reich en el frente, por irresistible superioridad material y numérica de los aliados, comenzó a extenderse el rumor de que la guerra se había perdido por culpa de traiciones en la retaguardia. Ciertamente hubo levantamientos en algunas bases navales del Báltico. En Berlín los comunistas llamaron a la huelga e intentaron hacerse con el poder mediante la fallida revolución del Spartakusbund. Ello coincidió con el hundimiento del frente occidental ante el asalto de millones de combatientes recién llegados de refresco desde Estados Unidos. Entre unos hechos y otros no existe una relación de causa a efecto. No obstante se atribuyó a turbios manejos revolucionarios la derrota de Alemania y su humillación nacional en Versalles, lo cual terminó minando gravemente la confianza de los ciudadanos y la estabilidad del sistema político de la República de Weimar.

De modo análogo, los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 han generado una leyenda que explica a las masas por qué España ha dejado de marchar por una senda política que Aznar estableció para hacer del país una nación próspera e influyente. Lo que se lee en El Mundo escandaliza e indigna. Sin embargo son las consecuencias a largo plazo lo que debería preocupar. Si no se toman medidas, la especie falaz de que un grupo de socialistas corruptos pertenecientes al círculo de Rafael Vera organizó por encargo el 11-M, sacrificando como chivos expiatorios a una banda de traficantes marroquís de tres al cuarto, puede tener funestas consecuencias y persistir en la memoria colectiva hasta el siglo XXII. Por no hablar de los riesgos a corto y medio plazo, especialmente de cara a las elecciones generales del 2008 y la tregua de ETA.

Interesa a la oposición hacer creer que existe un vínculo entre ETA y el 11-M en un momento en que se intenta negociar un cese definitivo de las hostilidades de ETA. Todo lo que sirva para meter palos entre los engranajes del proceso de paz vasco es bienvenido. Es de lamentar, sin embargo, la incompetencia con la que el gobierno hace frente a la campaña de El Mundo y la COPE: poniendo en pie de guerra al Juez Garzón y a unos cuantos periodistas de El País para que se sumen a la estéril y bizantina polémica sobre el ácido bórico. No hace falta llamar la atención sobre lo inútil y contraproducente de este proceder, que solo sirve para hacer llegar la propaganda derechista a un público más amplio.

Más interesante resulta el fondo de esta pugna. El hecho de que El Mundo publique infundios día sí día no y El País vaya respondiendo a los mismos día no día sí, mientras el resto de la prensa del Estado se limita a ofrecer breves reseñas o ignora por completo el tema, sugiere que nos encontramos ante una guerra mediática entre los dos diarios, en la que los mismos figuran como contendientes principales que se observan mutuamente desde sus posiciones, mientras las tropas auxiliares (políticos, jueces, peritos y demás) llevan a cabo arriesgadas y vistosas maniobras para despejar el terreno de combate.

Ha causado extrañeza el que Mariano Rajoy inicie el nuevo curso con un asunto tan esotérico como el 11-M, cuando -desde su perspectiva- dispone de mucha mejor munición: los incendios de Galicia, el estado de la red ferroviaria, las negociaciones de ETA… Dicen que al PP le va a salir el tiro por la culata, pero esto es más un deseo que una posibilidad real. Puede haber cierto efecto de descrédito a medida que las cosas vayan poniéndose en su sitio, pero a largo plazo la apuesta es mucho más trascendental de lo que parece.

La derecha, convencida de la importancia que en Estados Unidos han tenido medios y “think tanks” para el éxito de la “revolución conservadora”, aspira a controlar la industria cultural española de manera similar a como en la actualidad lo hace el grupo Prisa. Quizás no con el mismo criterio economicista y burdo, orientado hacia la consecución del simple beneficio empresarial, convirtiendo al ciudadano en mero consumidor de contenidos distribuidos mediante las mismas técnicas publicitarias que se emplean para vender preservativos y automóviles. Pero sí con la intención de convertirla en un factor clave de poder sobre la sociedad y el estado.

Isabel la Católica, las naves de Cortés y los héroes anónimos del dos de mayo duermen en sus anaqueles, pero tal vez algún día despierten, reactivando la conciencia nacional hispánica, para tomar el relevo a las adolescentes pervertidas de Almudena Grandes, los personajes insustanciales de Elvira Lindo y las mujeres que aparecen orinando en las películas del cine español contemporáneo. Jiménez Losantos y César Vidal aspiran a convertirse en los Polancos y Cebrianes del futuro. El 11-M, más concretamente su particular interpretación histórica desde el blog de Luis del Pino, quiere ser el primer producto estrella de la nueva era: un mito para la España del siglo XXI. - Publicado originalmente en Izaronews.