Gatos que se parecen a Hitler
No es ninguna broma: hay centenares de ellos repartidos por todo el mundo, como en Los niños del Brasil, aquella novela de Ira Levin, en la que el tenebroso Dr. Mengele, tras haber escapado de las ruinas de Berlín, se establece en Sudamérica para dedicarse a fabricar clones del führer alemán. Estos sorprendentes felinos han podido ser detectados gracias a la red de enlaces de Internet del.icio.us: ¿se trata de un capricho de la naturaleza, o simplemente de una tomadura de pelo, similar a la de hace algunos años sobre los gatos pintores? Los gatos que se parecen a Hitler, también llamados “Kitlers”, más que una excentricidad de sus dueños, constituyen un curioso fenómeno sociológico. Algo que estaba oculto en la variedad del mundo. Separados por la geografía, sepultados en el anonimato por una capacidad insuficiente de proceso de datos, la red mundial de ordenadores los ha reunido en su propia república de identidades gatunas.
Iba a decir que este es un caso de sionismo digital, pero no parece apropiado debido a la presencia de semejante icono histórico. Más bien parece un curioso especimen de ciberturba, en la que faltan el elemento humano y la presencia a pie de calle. Los kitlers son un ejemplo del poder holístico de Internet. ¿Cuántas manifestaciones del genio creativo de la naturaleza habrá ahí afuera, esperando a que un intrépido navegante las descubra a base de agregar testimonios y enlaces? Uno se pregunta si, además de los kitlers, no llegaremos a descubrir perros que se parecen a Camilo José Cela, loros con la misma expresión que Hillary Clinton, cornejas Aznar, mulos Zapatero, un fox-hound Angela Merkel, tortugas José Blanco, zorros de Blair o incluso babuinos Chirac.
Hablamos de simples gatos, pero el tema dista de ser trivial. Cuando este poder holístico se aplique de manera sistemática a la ciencia, la economía y la investigación social, también habrá sorpresas para más de un sesudo varón que considera una pérdida de tiempo eso de especular con gatos. Que dicho sea de paso, fue lo que hizo Erwin Schrödinger en los años 20 del siglo pasado, desencadenando uno de los más debates, todavía inconcluso, más trascendentales de la Física moderna.
Web 2.0: el saber de las masas
En Dinámica de Grupos existe una serie de experimentos que consisten en plantear un problema a varias personas para resolverlo de dos formas, primero cada uno por su cuenta, y luego trabajando en equipo. La calidad de los resultados es casi siempre muy superior en el segundo caso, como si el todo intelectual del grupo fuera superior a la suma de las partes, y juntando lo que poco que cada uno sabe hubiera surgido un conocimiento experto de tipo especial, espontáneo, pragmático, distribuido, no dogmático y no confinado en la conciencia particular de una sola persona. Un tema por lo demás recurrente en numerosas series de televisión americanas.
Web 2.0, con su flexibilidad y su intercambio masivo de enlaces, tiene bastante de esto. La Wikipedia, uno de sus productos típicos, reúne cientos de miles de artículos -en breve serán millones- escritos por infinidad de autores, se amplía dinámicamente, adaptándose a los avances de la ciencia, los últimos acontecimientos de actualidad y las inquietudes culturales y sociales más recientes. A diferencia de un compendio del saber típico de la era industrial, como Britannica, Brockhaus o Espasa, no hay aquí catedráticos perorando ante un auditorio, sino que se trata de un modelo de todos dirigiéndose a todos, característico de las redes distribuidas.
Wikipedia transmite un auténtico saber de las masas, y supone un avance en la democratización de la cultura que, junto con las otras manifestaciones características de Web 2.0, como flickr, del.icio.us y la blogosfera, pone en entredicho el modelo organizativo de la actual tecnología de gestión de la información y los medios de comunicación, basado en el broadcasting o la difusión de uno a muchos. Su llegada ha sido repentina, aunque no del todo inesperada. Si Alexis de Tocqueville o Bertold Brecht vivieran, sin duda alguna habrían sabido captar el auténtico significado de Web 2.0.
Otra característica de los nuevos medios consiste no ya en la facilidad material de acceso, sino en el criterio de capacitación aplicado. No se necesita ser catedrático para escribir en la Wikipedia. Cualquiera que posea conocimientos sobre un tema determinado puede hacerlo, y además se le anima a ello. Hecho nada trivial, que tiene consecuencias de largo alcance para el desarrollo de nuestra cultura. ¿Lo adivinan? Exacto: se rompe el esquema tradicional de la orientación en función de la autoridad. Ha llegado el fin de la expertocracia.
La nueva cultura de masas también tiene otro rasgo. Antiguamente, en Grecia, el saber se basaba en la doxa, es decir, la opinión popular, el sentido comun y las creencias establecidas. Los filósofos de la era clásica rompieron este esquema, estableciendo una norma de contrastación entre verdad y error que se ha mantenido hasta nuestros días. Web 2.0, con su tendencia democrática radical, significaría un retorno de la doxa, es decir, de un importante papel de la opinión en el mundo de la comunicación humana y la transmisión del conocimiento.
Qué repercusiones podrá tener esto en el ámbito educativo, sobre todo de cara a la implantación del método científico, es algo que está por ver.
Primer post en mi blog – Interés por las redes
Propiamente dicho: los anteriores son transcripciones de artículos publicados en otros medios del tipo bitácora, como por ejemplo “El componente identitario“, aparecido originariamente en Izaronews y citado por David de Ugarte hace algunos días.
Agradezco muy en especial el estímulo hallado en el blog del diputado Rafael Estrella, donde mis opiniones críticas fueron toleradas a pesar de haber alcanzado en no pocas ocasiones los límites de la paciencia y la corrección política, y el consejo facilitado por Mercè respecto a la forma de empezar con WordPress.
Debo decir que desde que visité por primera vez la página de Las Indias me interesa el tema de las redes. No solamente es el signo de los tiempos, sino un concepto que permite interpretar y estudiar bajo una nueva luz las grandes estructuras humanas del pasado. Si nos fijamos, en el mundo todo está organizado en forma de red: desde la ecología hasta los grandes imperios.
Si esto es asi, ¿por qué nadie se había dado cuenta antes? Significa esto que los antiguos eran menos inteligentes que nosotros. No creo que sea el caso. Más bien se puede decir que vivían dentro de un sistema de coordenadas diferentes, que ahora empieza a ser reemplazado por otro.
Las redes, aunque han sido una realidad desde el comienzo de los tiempos, no han comenzado a hacerse conscientes hasta que no exitieron los fundamentos tecnológicos que permitieron crearlas de manera artificial e intencionada. Parte de este mérito se lo debemos al trabajo innovador de Paul Baran. En cuestión de pocas décadas hemos pasado desde las organizaciones jerárquicas y la centralita telefónica a los esquemas distribuidos y las redes de conmutación de paquetes.
Y tan solo estamos en el comienzo.
A toda máquina por una bahía sembrada de minas
Eran jóvenes y ambiciosos. En 1996 llegó su hora. El régimen socialista español se desintegraba. Los jóvenes halcones del Partido Popular barruntaban un triunfo fácil, y tomaron impulso para ocupar los altos cargos que pronto estarían a disposición del más audaz o del más lenguaraz. Sus aspiraciones generacionales estaban a punto de verse satisfechas.
Entonces llegó la gran decepción: victoria pírrica. El Jefe, antiguo inspector de Hacienda, suspiró. En lugar de cortesanos inútiles, especializados en campañas de perfil bajo, habría preferido tener a su servicio un sociólogo que supiera hacer bien los números, como era el caso con González, su predecesor en el cargo.
Imposible poner en marcha el bulldozer. Era preciso llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas. Nada de cambios drásticos. Por lo tanto, no había sitio para todos. Los aguiluchos se vieron obligados a plegar alas y volver a la bodega del portaviones.
Pasó el tiempo. El gobierno se dedicó a lo suyo, a hacer leyes, a liquidar suelos contaminados del felipismo y fortalecer su posición frente a Europa y los nacionalismos periféricos. Las aguerridas gaviotas que habían querido ser halcones andaban por ahí, deprimidos, picoteando en lo que podían, intrigando y labrándose en las covachas de Madrid un curriculum de tan bajo perfil como las campañas electorales diseñadas por Zarzalejos y Arriola. Un día el Jefe los llamó a su presencia para hacerles un speech, como en “Canción triste de Hill Street”.
“Ya sé que las cosas no están como deben” les dijo, ”Esperad unos años y todo será distinto”. Luego les habló de sus proyectos. España debía salirse de la órbita que durante casi tres décadas había estado describiendo en torno al núcleo duro de la Unión Europea, formado por Alemania y Francia. Renunciaría a la idea de un nuevo orden mundial multipolar, conforme al criterio de París, y tomaría parte por los Estados Unidos, ayudándoles a convertirse en la única potencia dominante tras la caída del bloque soviético.
“¿Y qué pasa con la Unión Europea?” – “No hay de qué preocuparse”, respondió el Jefe. “Lo valiente nunca va en detrimento de lo cortés. El apoyo de Washington será una estupenda baza para incrementar nuestra influencia en Bruselas. Marcharemos por la misma senda que ya han tomado Polonia y el Reino Unido”.
De hecho, el Jefe había comenzado a ejecutar ya su histórico designio, entregando algunas empresas de armamento a Norteamérica, en perjuicio de un peticionario alemán. “Necesito estabilizar la economía y cumplir los criterios de Maastricht, para que no me puedan decir nada allá arriba, en Bruselas o Berlín.
“Y sobre todo, coordinación, que dejéis de comportaros como toros rezagados en San Fermín. Sed pacientes: vendrán tiempos mejores. Ahora poneos a trabajar. Quiero veros escribiendo artículos, montando ateneos neoliberales y arreando palos al Lehendakari Ibarretxe…” Las gaviotas, nuevamente transformadas en aves de rapiña, aunque sin demasiada convicción, abandonan el despacho, dejando al Jefe entregado a sus reflexiones, como un entrenador en los comienzos de una liga difícil: “Estos chicos… ¿por qué serán tan lerdos?”
Entretanto la historia avanza. Nueva victoria en el 2000, esta vez por mayoría absoluta. Por fin llegó la gran oportunidad. El esfuerzo rinde sus frutos. José María Michavila, por ejemplo, llega a Secretario de Estado, y posteriormente a Ministro de Justicia. Los planes del Jefe van saliendo a la perfección, pero el momento decisivo tiene lugar con la catástrofe del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.
América en pie de guerra. Se decide la intervención militar y el cambio de régimen en Bagdad. Es entonces cuando el Jefe decide dar el gran salto adelante, apoyando a Bush en la cumbre de las Azores. El pueblo Español, con una tradición antiamericana que se remonta a la voladura del Maine, asiste atónito al desembarco del Jefe en la Realpolitik internacional, al lado de Estados Unidos, Gran Bretaña y Polonia. Algunos ministros no comparten su entusiasmo.
“No os preocupéis” dice el Jefe, “Nunca antes a un país le había salido tan barato el subir a primera división en la política mundial”. El Jefe, sin embargo, no les ha contado toda la verdad. Cierto es que ellos tampoco le han preguntado. El coste es irrisorio, pero no se pude decir lo mismo del riesgo.
Semejante cambio en política exterior implica movimientos impredecibles en la distribución del poder. Desde América llegarán garantías políticas para actuar frente a otras naciones extranjeras, información secreta para combatir el terrorismo e incrementar la capacidad militar, grandes contratos capaces de otorgar una influencia sin parangón a quien esté en condiciones de controlarlos y distribuirlos en territorio español (¿Quién sino el Jefe para este cometido?).
Asimismo el distanciamiento de Europa minará el poder de determinados círculos funcionariales, fortaleciendo el de otros. La clase empresarial tendrá que deshacer viejas alianzas para establecer otras nuevas. Habrá cambios fundamentales en las relaciones con los países del entorno. Por no hablar de la repercusión en el mundo islámico.
No resulta extraño que la tierra comience a agitarse bajo los pies del Jefe: un primer aviso es el malestar generalizado tras el hundimiento del Prestige; después, las movilizaciones contra la guerra de Irak. Las cuadernas del Estado comienzan a crujir.
Sin embargo, los muros de la Numancia conservadora resisten. “¿Sucede algo, muchachos?” “No, Jefe… España va bien, como usted dice, pero a veces tenemos la sensación de que se está volviendo ingobernable”.
De pronto, a mediados de marzo de 2004, llegó el final, de una forma tan repentina y con tal brusquedad que todavía resulta algo increíble. Los jóvenes cernícalos se vieron desperdigados en medio de la tormenta, y cada uno fue a parar a una vez más a su peñasco.
El Jefe, aquel titán carpetovetónico, aquel hombre instruido, adusto y de sangre fría que se había leído todo Josep Pla, y que en el Congreso parecía, según Arzalluz, un mastín rodeado por perrillos falderos intentando acosarle sin éxito, ¿no era entonces sino un coloso con los pies de barro? ¿De qué estaba hecho su sueño, que parecía tan real, que costó ocho años levantar, y que en menos de cuatro días quedó reducido a añicos?
Ahora el país está dirigido por otro líder. No es recisamente una lumbrera, ni tan carismático como el Jefe; tampoco piensa en categorías históricas como él, sino que prefiere ver el mundo a través de los ojos de un político profesional.
Pero si hay algo que tiene claro es que la ambición de un gobernante tiene que ser la misma que la de su pueblo. No la del pueblo en abstracto, como se empeñaban en verlo los románticos alemanes del siglo XIX o los anarquistas rusos, sino la del hombre de la calle, ese que lee revistas de coches y se pasa el domingo empotrado en el sillón de su casa, holgazaneando o mirando el canal Eurosport, mientras la parienta refunfuña e intenta meter baza con el aspirador.
Basta con entender una cosa tan simple para mantenerse en el poder. No necesitas ser héroe ni profeta. No tienes por qué hacer méritos para que la historia te recuerde. A veces ni siquiera hace falta gobernar. Y si no, que se lo pregunten al Rey Don Juan Carlos I.
Entretanto, ¿qué ha sido del Jefe? Ahí sigue, mirando al mar desde la costa de Oropesa después de un partido de paddle. Imperturbable, flemático, como un personaje de Rudyard Kipling. Sus ambiciones no llegaron a consumarse, pero algo le queda de su aventura americana, no solo para él mismo, sino también para traficar con favores de vez en cuando. Y el amigo de la Casa Blanca no abandona a quienes una vez fueron sus leales.
Transcurrido el primer berrinche, que ha sabido disimular muy bien, se imponen el sosiego y una presencia de ánimo muy firme, totalmente castellana, como la de aquel otro gran jefe español del siglo XVI que, después de perder su armada frente a las costas de Inglaterra, se consolaba haciendo frases dignas de Shakespeare en la lóbrega quietud de su despacho de El escorial.
Esta vez las naves sí estaban pertrechadas para combatir contra elementos y hombres. Pero, ay, nadie hizo caso de las minas que, como grandes erizos de mar a la deriva, infestaban las aguas de la bahía. – Publicado en Izaronews.
Cuidado con el disco duro
Si es asiduo de Internet conocerá sin duda el tema del fisgoneo en el ciberespacio. Supuestamente existe una red llamada Echelon mediante la cual las potencias anglosajonas (EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) interceptan su correo electrónico en busca de indicios de terrorismo islámico e información económica.
Se cree que en estos momentos la mayor parte de los supercomputadores de la CIA se encuentran ocupados intentando localizar términos sospechosos en los mensajes de e-mail de todo el mundo. Este asunto preocupa a la Unión Europea, que ha constituido varias comisiones de investigación para ocuparse oficialmente de él.
A día de hoy, por emplear una expresión predilecta de Josu Jon Imaz, se ignora hasta qué punto existe riesgo cierto de intrusiones desde el Pentágono y la NSA. Contra ello no obstante se puede proteger uno fácilmente: basta con instalar en el ordenador un software de encriptación, como PGP de Phil Zimmermann, y utilizar el término “Bodegas Jiménez” para referirse al búnker donde se oculta Bin Laden, en lo más remoto y accidentado de las montañas del norte de Pakistán.
Mucho más serio es el peligro del espionaje industrial promovido por intereses particulares. Aunque los expertos en seguridad informática se dedican sobre todo a proteger redes contra accesos no autorizados, existen otros puntos débiles de los que apenas se habla. Un interfaz particularmente crítico de la seguridad de datos lo constituyen los discos duros de los ordenadores.
En nuestro tejido industrial vasco, integrado principalmente por negocios familiares y PYMEs, se cometen a diario todo género de imprudencias: entra un ordenador nuevo y el propietario del negocio deja que el antiguo se lo lleve el novio de la niña (¡fíate de los parientes políticos!), o se lo cede en custodia a un empleado fiel. Nosotros, leales y competentes jefes del departamento de seguridad informática, le advertimos de que no nos parece una buena idea.
En el restaurante del polígono industrial, mientras la camarera coloca el cestito del pan, el empresario vasco, optimista, confianzudo, resoplando, nos propina una palmada en la espalda y dice, dejándonos el vaso bien provisto: “Tranquilo, hombre. Ya están borrados todos los datos” y después, con un guiño y bajando la voz, “Yo mismo he vaciado la papelera de Windows”. Pobre jefe: la semana pasada hizo un cursillo, le enseñaron a manejar el liberador de espacio y a teclear control+alt+del y ya se cree todo un hacker.
En ese preciso momento, el novio de su hija, que estudia informática, o el empleado, en realidad no tan fiel, están descargando desde Internet una herramienta alemana llamada DiskRecovery, de O&O Software. Pocos minutos después habrán rastrillado el disco duro, y centenares de archivos a los que creíamos muertos volverán a la vida, pulcramente ordenados en carpetas por extensión y tipo de documento.
La correspondencia comercial de la empresa, los borradores de los contratos, las hojas de cálculo del contable, los planos CAD para el centro de mecanizado, las declaraciones mensuales del IVA… y dentro del correo electrónico tal vez cosas delicadas que, de llegar a conocerse, podrían terminar con la armonía de la vida conyugal.
Si no me creen pueden hacer la prueba ustedes mismos, con DiskRecovery o con cualquiera de las numerosas utilidades similares existentes en el mercado. Se quedarán sorprendidos de todo lo que se puede hacer con una licencia básica. Algunos de estos programas son capaces incluso de localizar archivos borrados en las particiones de Linux.
Cuando borramos un archivo –quiero decir un borrado auténtico y no un simple traslado a la papelera de Windows- el sistema operativo no lo elimina físicamente, sino que se limita a marcar el espacio que ocupa como disponible para escribir nuevos datos. Sin embargo los antiguos siguen estando ahí, y pueden ser recuperados mediante un programa especial, o incluso con un editor hexadecimal. La única forma de suprimir archivos es sobreescribiéndolos con otros.
El aumento de capacidad de los discos duros empeora el problema, ya que cada vez resulta más difícil agotar el espacio disponible grabando archivos nuevos. Pero aunque consiguiéramos sobreescribir todo el espacio liberado después de borrar los archivos, e incluso después de desfragmentar o formatear el disco duro (sí, ha leído bien: formatear), la destrucción no es total: los datos todavía pueden recuperarse.
La información antigua aun puede estar presente en el soporte magnético, en forma de contornos o imperfecciones en la señal que representa los datos. Con la ayuda de equipos de alta tecnología el especialista, en primer lugar, copia la señal exacta grabada en una zona del disco, sin traducirla a bits. A continuación genera una señal perfecta que representa los bits de datos, tal y como se grabarían en un soporte virgen o recién salido de fábrica. Después resta la señal perfecta de la señal realmente registrada y amplifica las diferencias. De este modo existe la posibilidad de recuperar datos grabados con anterioridad en esa zona concreta del disco duro.
Estos procedimientos requieren pericia técnica y un material electrónico sofisticado y costoso, pero no cabe excluir la posibilidad de que en pocos años se puedan llevar a cabo con equipos asequibles.
La información es la materia prima de nuestras vidas. Las nuevas leyes sobre protección de datos nos imponen obligaciones que no podemos tomarnos a la ligera. Como empresarios, trabajadores o ciudadanos tenemos un compromiso fundamental con la seguridad de datos.
Volviendo a los discos duros no hace falta que diga ya más. Usted mismo podrá deducir las medidas a tomar respecto a los equipos obsoletos o las condiciones de acceso físico a los ordenadores. ¿Borrado seguro de datos? ¿Quién sabe? Puede que tal cosa exista. Hay en el mercado programas que sobreescriben los archivos eliminados con bits aleatorios para hacer imposible su recuperación. Si quiere estar del todo seguro, existe un procedimiento, bastante primario por cierto, pero eficaz al 100%.
No cometa el mismo error que Aznar con los ordenadores de la Moncloa. No contrate a la consultora de un amiguete para hacer un borrado seguro, exponiéndose a que polemistas profesionales o peritos forenses de tres al cuarto le persigan por los juzgados de Madrid. Cuando su disco duro ya no haga falta, saque del bolsillo su navaja suiza Victorinox, extienda el destornillador de estrella y manos a la obra. Extraiga su disco duro. Inutilícelo. Desguácelo. Destrúyalo. Hágalo desaparecer de la faz de la tierra.
Asimismo hay que extremar precauciones con los CD-ROMs y DVDs usados. Olvidaba decirle que de ellos también se pueden recuperar archivos borrados. No los utilice como posavasos. Además de ser una ordinariez, le expone a los peligros de un espionaje industrial de andar por casa (ya sabe: empleados curiosos, personal de limpieza, etc.) que puede resultar dañino para su empresa. Mejor quémelos o tírelos a la basura después de haberlos roto en pedazos. Algún día me agradecerá estos consejos. – Publicado en Izaronews.
Aznar denunciado por hacking ante los juzgados de Madrid
El pasado 26 de mayo el perito forense Miguel Angel Gallardo Ortiz, presidente de la Asociación para la Prevención y Estudios de Delitos, Abusos y Negligencias en Informática y Comunicaciones Avanzadas (APEDANICA), ratificó ante el Juzgado de Instrucción Nr. 9 de Madrid una querella presentada contra el anterior presidente del gobierno, Exmo. Sr. D. José María Aznar López, por el borrado de datos de los ordenadores de la Moncloa en los días posteriores a las elecciones del 14 de marzo de 2004.
La querella recoge el contenido de una denuncia presentada en junio de 2004 por el abogado José Luis Mazón, quien también llamó a declarar a Angel Acebes por haber sustraido del Ministerio del Interior archivos e informaciones relacionadas con los atentados terroristas del 11-M.
Posteriormente, el 14 de diciembre de 2004, el letrado Mazón presentaría una denuncia basada en una noticia publicada el día anterior en “El País”, en la que se hablaba del borrado seguro de datos de los ordenadores de la Moncloa, por el que una empresa de informática habría cobrado 12.000 euros, asi como del robo de archivos del Ministerio del Interior por Angel Acebes.
En su comparecencia ante la Comisión Investigadora del 11-M el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, confirmó el borrado de datos de los ordenadores de la Moncloa por orden de su predecesor en el cargo, señalando que no se pedirían responsabilidades por los hechos. En esto el jefe del ejecutivo dejó las cosas bien claras.
Por consiguiente yerran quienes piensan que Don José María está siendo víctima de otra conjura organizada desde Ferraz. Son los abogados de Madrid quienes parten esta vez, por su cuenta y riesgo, a la caza del Sequerón, con el propósito exclusivo de hacerse notar.
¿Quiénes son los implacables perseguidores de Aznar? José Luis Mazón es un jurista especializado en causas populares y de interés social, como demandas contra las Eléctricas, reclamaciones medioambientales, etc. Miguel Angel Gallardo es prolífico autor de páginas web sobre tecnología forense, y además presidente, fundador y posiblemente también socio único de la ya referida APEDANICA.
Al leer los comentarios que esta noticia ha desencadenado en los mentideros electrónicos me viene a la mente la magistral descripción hecha por Theodor Mommsen en su “Historia de Roma” de la época inmediatamente anterior a la revolución de los Gracos, cuando la República atravesaba un período de decadencia similar al de Madrid en nuestros días: corrupción, mediocridad, incompetencia generalizadas… y el Foro lleno de abogaduchos empeñados en hacer méritos acusando a un cuestor negligente o al supervisor de balanzas del mercado municipal.
Antes que por un delito de adolescentes, Aznar merecería ser juzgado por otras faltas, como la Guerra de Irak, el asunto del Perejil o el bodrio del Escorial. Dejémoslo aquí. Por otra parte, la clase política española nunca dejará de sorprendernos con nuevas muestras de su incompetencia tecnológica.
Si yo hubiera sido Aznar habría cambiado los ordenadores de Moncloa (algo mucho más económico que un borrado seguro de archivos) y hecho desaparecer los discos duros de los antiguos (llevándolos YO MISMO a una miniacería o arrojándolos al mar frente a las costas de Oropesa, porque está comprobado que en la capitalota no se puede uno fiar ni de su sombra). Finalmente habría pedido al técnico que instalara Windows y Office en las máquinas recién compradas, junto con algún que otro podcast bajado de la COPE para disimular.
Entonces le habría dicho al nuevo inquilino de Moncloa: “No te quejarás, José Luis, he instalado ordenadores nuevos”. Y él habría respondido: “Se agradece el detalle, pero no sé manejarlos, y me llevo fatal con ellos…”
Esto es Madrid en la Sociedad de la Información. – Publicado en Izaronews.
La revolución en zapatillas
Poco antes de la oleada mediática desencadenada por la Tregua de ETA, la prensa y la televisión habían estado informando sobre las elecciones del 19 de marzo en Bielorrusia. El público no había aceptado la victoria en las urnas del candidato presidencial, Alexander Lukashenko, en el poder desde 1994. El mismo día de las elecciones, 19 de marzo, la oposición anunció una amplia movilización popular para obligar al gobierno a la convocatoria convocar nuevos comicios, esta vez diáfanos y sin trampa.
Podría creerse que el país se encuentra al borde de la revolución y que vamos a tener una serie de jornadas sangrientas para llenar telediarios y titulares de prensa. Sin embargo, yo no creo que esta vez la sangre no llegará al río. El levantamiento popular contra el dictador Lukaschenko sigue la pauta de otros que durante los últimos años han ido acabando con los reyezuelos que aprovecharon el caos resultante de la caída del bloque soviético para apoderarse del poder en diversos países de Eropa Oriental: Milosevich, Shevarnadze, Kutschma…
Estas movilizaciones no son espontaneas. Detrás de ellas hay un intenso trabajo organizativo, tecnologías de la comunicación, un modus operandi, una idiosincrasia profesional e incluso un esquema de valores que por separado constituyen fenómenos obvios de nuestra cultura moderna, pero que funcionando en combinación han demostrado ser un arma poderosísima, capaz de tumbar dictadores y producir cambios geopolíticos.
Los nuevos revolucionarios no llevan fusiles ni cócteles molotov; van armados con teléfonos móviles y ordenadores portátiles. Visten camisetas con logos llamativos y se concentran en grandes multitudes siguiendo consignas electrónicas y el consejo de expertos en publicidad. No siguen borreguilmente a líderes al estilo de los Lenin o los Castro, pero tienen un guía espiritual: el Mahatma Gandhi y su evangelio de la no violencia. Su estrategia no consiste en provocar levantamientos armados, sino en molestar al tirano, exponerle al ridículo, apoderándose pacíficamente de plazas y avenidas, minando asi su poder personal en mayor medida que las huelgas o los bombarderos de EEUU. Los profesionales de la revolución son jóvenes, la mayor parte de ellos entre 25 y 35 años, carecen de ideología política definida y celebran congresos internacionales en los que comparten experiencias y transmiten el know how que permitirá exportar la insurrección a otros países del mundo.
Es la revolución en pantalones vaqueros y zapatillas de deporte, que se abre camino en una época dominada por la pujanza de los movimientos sociales frente a instituciones y partidos políticos. Los nombres de estos movimientos de masas resuenan en el universo mediático con la contundencia de marcas publicitarias: “Otpor” (“Resistencia”) en Serbia, “Kmara” (“Basta”) en Georgia, “Pora” (“Es la hora”) en Ucrania. Su mayor éxito: haber terminado con la tiranía post-soviética en estos países. Su compromiso actual: Azerbaiyán y Bielorrusia. Su mayor ambición para el futuro: China.
Las próximas semanas serán decisivas para Ucrania. A Lukashenko le quedan pocos teleberris, como diríamos por estos lugares. Cuando termine el revuelo en torno al alto el fuego de ETA y los medios vuelvan a fijarse en Europa Oriental a lo mejor tenemos el raro, pero siempre gratificante privilegio de contemplar a otro dictador en paro haciendo las maletas.
El siglo XXI es ya el siglo de los movimientos sociales. También en Occidente, donde hay pocos dictadores que expulsar, pero queda todavía mucho por hacer respecto a esa asignatura pendiente que llaman democracia participativa.
Hay cosas que pocos saben sobre esta globalización revolucionaria: la mayor parte de estos movimientos están apoyados financieramente desde Estados Unidos, por fundaciones gubernamentales o filántropos millonarios como George Soros. Tras el fin de la Guerra Fría Washington parece estar reanudando su política de la “Puerta Dorada” de comienzos del siglo XX. Al parecer los dictadores resultan igual de perjudiciales para la seguridad norteamericana y el nuevo orden mundial como lo eran las monarquías absolutas de Europa Central y Extremo Oriente para el mundo abierto y librecambista de la Belle Epoque. Una interesante perspectiva, que si aspiramos a ser realistas no debemos de ignorar: la Casa Blanca de George Bush, la Liberty Foundation y Freedom House no son en el fondo tan opuestos en sus planteamientos: persiguen los mismos fines con medios diferentes.
Estos movimientos de masas también difieren de todo lo conocido hasta la fecha en la conciencia de sus limitaciones. El concepto de la revolución tradicional, tal y como parecían entenderlo Trotsky o el Ché, no estaba basado en las ciencias sociales, sino en el pensamiento mítico. La revolución era la panacea para terminar con todas las lacras, primero del liberalismo manchesteriano, y después de la alienante sociedad de consumo. Las experiencias negativas cosechadas con el denominado socialismo real han resultado aleccionadoras al respecto. La subversión revolucionaria de la era postindustrial es muy consciente de lo que puede o no puede hacer. Acabar con la dictadura es una cosa; crear estructuras democráticas otra distinta. La labor de un revolucionario moderno termina frente a la escalinata del Palacio Presidencial, una vez que el dictador ha salido disimuladamente por la puerta de servicio. El resto del trabajo, para bien o para mal, hay que dejarlo a los políticos. Si el joven revolucionario, persuadido por su ambición, su entusiasmo o las intrigas de Washington, decide aceptar cargos en el gobierno y transformar su movimiento en un partido político, el resultado inevitable será un fracaso electoral, como ha sucedido en Georgia a las fuerzas opositoras de Alexander Lomaja. – Publicado en Izaronews.
El componente identitario
Recientemente he estado navegando por una página web llamada “Las Indias Electrónicas” (www.lasindias.com) en la que se aborda el ambicioso objetivo de analizar redes sociales a partir de información pública procedente de Internet y otros medios. Las Indias es un proyecto colectivo en torno a un grupo de jóvenes pensadores que a través de una constelación de páginas personales, moleskines y bitácoras, aspiran al noble fin de publicitar ideas innovadoras sobre redes y estilos de vida.
Por fin un soplo de aire fresco en la blogosfera. Ya estábamos hastiados de tanto foro de opinión mercenario al servicio de los partidos políticos, donde uno pasa el tiempo haciendo propaganda de ideas estereotipadas, rindiendo patéticos homenajes a la Constitución o la II República, injuriando a tal o cual personaje de izquierdas, de derechas o de los nacionalismos periféricos, o donde los reporteros de copia y pega contienden unos contra otros para demostrar quién es el más soez, como los dos mendigos de aquella fábula en la que una dama les tomaba el pelo asegurándoles que se casaría con el más impresentable de los dos. Las “Indias”, por el contrario, se dedica a debatir sana y civilizadamente sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la vida social del siglo XXI.
He aquí la tesis general: en nuestra época los sistemas de organización centralizados (un nodo principal y muchos clientes) y descentralizados (muchos nodos centrales, cada uno con su corte de clientes, sin duda la situación de caciquismo tecnológico en la que nos encontramos ahora) están dejando paso a arquitecturas distribuidas (imposible distinguir entre nodos y clientes), cuyo modelo inevitable de referencia es la actual red Internet.
Hoy todo está organizado en forma de red: empresas, instituciones, cultos religiosos, mercados… La misma nación se distribuye, privada de sus atribuciones de poder estatal por compromisos europeos o de seguridad colectiva. Los cambios que experimenta la sociedad actual, aparentemente secuestrada por una serie de procesos caóticos que han escapado a nuestro control, tienen mucho que ver con la transición desde modelos jerárquicos y centralizados a estructuras distribuidas en todos los ámbitos de la existencia humana.
La gente de las Indias también produce documentos y organiza diversas actividades culturales, como conferencias, seminarios, presentaciones de libros, etc. Por no hablar de su incesante actividad como redactores en la blogosfera. También han apoyado la cruzada de Juan Alberto Belloch en favor de Linux y el software libre, y le ayudaron a preparar su campaña en las elecciones municipales de Zaragoza del 2003.
Las Indias es muy fértil en ideas innovadoras, tal vez demasiado. Se ven árboles por doquier, pero no el bosque. Algunos de los planteamientos son demasiado audaces: la tesis de David de Ugarte según la cual el 11-M fue el primer atentado de un nuevo tipo, basado en redes terroristas distribuidas y hacking de un servicio público de utilización masiva (los trenes de cercanías de Madrid) resulta excesiva. Las únicas pruebas de que dispone son sermones de la mezquita de la M-30 y un trabajo de campo no exento de riesgos: inspección de antros de phreaking magrebí donde se liberan teléfonos móviles. El peligro consiste en toparse con Jaime Ignacio del Burgo, que todavía anda buscando a esos misteriosos personajes de aspecto caucásico que entraron a un locutorio similar hablando un idioma extraño, como búlgaro, checo, o probablemente euskera.
Una de las aportaciones más interesantes de las Indias Electrónicas es la idea de que una red no se define tanto por su implementación técnica y sus protocolos como por una identidad compartida. Una comunidad surge no solo para perseguir un propósito determinado, sino porque sus miembros se ven a sí mismos como parte de algo más amplio con entidad y características propias, algo que va más allá de la funcionalidad y no puede ser expresado en términos de mero utilitarismo societario.
Es esta conciencia lo que da a la red su razón de ser. Sin ella, tarde o temprano, quienes la componen dejarían de contactar y terminarían dirigiendo su atención a otras comunidades virtuales, o a entretenimientos varios. La red se disolvería en el ciberespacio como un bloque de sal gema en el agua de un río.
Lo dicho también es válido para organizaciones o grupos de cualquier tipo. Cuando yo estudiaba alemán, hace años, la clase no se mantenía unida tan solo por el horario o el programa de estudios. Eramos pocos en el aula. Había un “esprit de corps” que consistía en la convicción de estar haciendo algo especial, incluso elitista. Teníamos la certeza de que nos esforzábamos por una cosa que nos distinguía del resto de la población universitaria (la mayor parte de los estudiantes universitarios, en aquel tiempo, siguiendo una estrategia del mínimo esfuerzo, prefería apuntarse a cursos de inglés y francés, idiomas que ya habían estudiado en el Bachiller). Había una causa comun, y ello nos satisfacía y nos animaba a participar.
El componente identitario, menospreciado en una época de tiranía burocrática, estándares e hipertrofia tecnológica, es un intangible muy valioso en la vida moderna. Si usted se halla al frente de una empresa, una asociación, un partido político o simplemente una familia, tenga en cuenta que resolver los detalles prácticos de la organización no lo es todo: las personas deben considerarse integradas y pertenecientes a algo que sea lo bastante significativo para merecer su esfuerzo y su lealtad. – Publicado en Izaronews.
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